A lo largo de la vida, uno va comprendiendo como debe aplicarse aquélla frase y cuánto mejor sería nuestra sociedad si tal enunciado se respetara. La recordamos especialmente hace unas horas cuando en el local de «fiestas infantiles» El Laberinto, lindero al patio de nuestra casa, alguien decidió festejar algo y encontró la forma adecuada de hacerlo: con música y canto, una manera muy alegre y también gratificante. Está en su derecho. El problema es que los demás también tenemos derechos y el de descansar es uno esencial que fue avasallado el sábado y domingo último cuando en el local mencionado una fiesta comenzó en la noche del sábado y terminó a las 8:40 del domingo con música y canto a todo volumen y sin tregua.
En la casa dormíamos, es un decir, tres adultos y un bebé de 8 meses. Todo intento por conciliar el sueño resultó vano ya que cuando por algunos breves minutos la música partecía atenuarse, volvía instantes después con toda estridencia para impedirnos el descanso. Impotencia, avasallamiento de derechos, como dijimos, es lo que se siente y terminamos resignados a esperar que cuando llegue cierta hora termine la fiesta o baje el volumen de la música para descansar, lo que no ocurrió hasta las 8 y 40 cuando ya, por la bronca y por la hora, habíamos decidido no volver a dormirnos.
El local de fiestas se usó desde hace años para fiestas infantiles como lo indica el cartel que tiene a su frente, pero hay nuevos dueños que decidieron que también allí tengan lugar fiestas para adultos y como no era la primera vez que esto ocurría, anteriormente y ante un caso similar, se intentó hablar con la dueña del salón quien ante nuestra protesta, contestó con dos frases de antología: «Hoy es sábado», la señora parece que conoce alguna ley o decreto que indique que ese día no se descansa. La otra fue: «Este local está habilitado».
Esa última es la que mayor preocupación nos ha causado ya que, de ser cierta, estaríamos ante una grave falta, puesto que el municipio habilita para fiestas ámbitos que carecen de las mínimas condiciones para ello ni tampoco convoca, como sería deseable y se hace en otras comunas, a los vecinos para que opinen al respecto ya que ellos serán los afectados. Llama la atención los dos tan disímiles lápices que usa nuestra municipalidad. Por un lado utiliza uno de fino trazo cuando exige, para habilitar locales de comercio en los cuales permanezcan mujeres y hombres, baños para unas y otros mientras que por el otro esgrime uno de gruesa marca al habilitar locales para fiestas sin siquiera una salida de emergencia ni comprobar qué efecto tendrán los ruidos que dicha fiesta produzca sobre la tranquilidad que todo vecino merece.
No se trata de coartar la libertad de trabajo de nadie, pero debe haber cierta legislación que impida que los decibeles emanados de un salón de festejos no sean de una intensidad tal que impidan el descanso de todos los vecinos, reglamento que tal vez exista, pero que de ser así, no se aplica ni respeta en absoluto. En síntesis, que se trate de que los derechos de unos no acaben con los de los demás.
Gabriel Moretti.











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