Hoy se cumplen 13 años del 19 y 20 de diciembre del 2001, una época marcada por la fragilidad institucional y el empobrecimiento de los sectores medios y bajos. Lo que algunos insisten con etiquetar como la crisis de principios de década, en realidad fue la culminación de un período que se deglutió las reivindicaciones sociales y económicas. El pueblo, desesperado, comenzó a organizarse. En 1998 hubo un corte de ruta por semana, en 1999, 21 por mes y en 2000, al menos hubo un corte diario. Según la consultora Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, en 2001 los cortes prácticamente se triplicaron llegando a 115 mensuales.
El 19 y 20 la gente salió a la calle a decirle basta al gobierno de Fernando de la Rúa, que había asumido en el ´99 como consecuencia de una alianza que prometía modificar los diez años de menemismo, pero se convirtió en la continuación de un modelo de país agotado.
La implementación del Estado de sitio por parte del mandatario terminó de quebrar ese pacto implícito con la ciudadanía que le garantizaba la representatividad democrática. Las respuestas no aparecían. En 2001 la panza de la gente hacía ruido. Aún más que el rebote de las balas de la policía bonaerense, brazo ejecutor del ex gobernador Carlos Ruckauf, que criminalizaba las protestas sin miramientos. “La tasa de desocupación abierta en los principales aglomerados urbanos se mantuvo en dos dígitos durante la crisis experimentando un fuerte crecimiento en el año que siguió a la devaluación. Pasó de 14,5 porciento en 1999, al 16,4 porciento en 2001, creciendo abruptamente al 21,5 porciento en 2002”, menciona el economista e investigador superior del Conicet, Mario Rapoport, en su libro “Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2003).
La violencia desatada contra los manifestantes en la noche del 19 y a lo largo del día 20 resumió el altísimo nivel de exclusión y de indiferencia hacia los sectores disidentes. Con más de 30 muertos en todo el país, diciembre del 2001 se convirtió en un momento de resistencia en que el pueblo dijo basta.
Las víctimas del Sur
La lista es aún más extensa. Liu Yan Qung, dueño de un supermercado ubicado en Villa Fiorito, mató de un disparo en la cabeza a Diego Ávila, de 24 años, como respuesta a los que querían ingresar a su negocio. Carlos “Petete” Almirón, de Lanús, que militaba en la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) y la Coordinadora de Desocupados 29 de Mayo, murió de un disparo en el pecho proveniente de una arma de la policía cuando encabezaba una columna de manifestantes en 9 de Julio y Avenida de Mayo. “Es horrible la impotencia, la rabia, la bronca, la indignación, porque es como que entregaste un hijo a la patria sin recibir nada a cambio”, dijo años después a la prensa su madre, Marta Almirón. Roberto Agustín Gramajo, de 19 años, falleció en Almirante Brown luego de que un agente de la policía bonaerense le pegara un disparo en la cabeza, cuando se dirigía a la casa de su tío. Otra de las víctimas bonaerenses de los dos días trágicos del 2001 fue Víctor Ariel Enríquez, de 21, quien murió en la vereda del autoservicio “Arca Noé” del barrio Don Orione, en Claypole, como consecuencia de un disparo proferido por el dueño del local, Àngel Villanueva. Pablo Marcelo Guías (23) también murió durante el saqueo a un supermercado, en este caso en San Francisco Solano, Quilmes.











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