El 11 de mayo de 1974, hace 41 años, era asesinado el sacerdote Carlos Mugica en manos de la Triple A, cuando una ráfaga de ametralladora lo abatió tras oficiar misa en la iglesia San Francisco Solano, de la Ciudad de Buenos Aires.
El padre Mugica pertenecía al movimiento de sacerdotes tercermundistas, estuvo vinculado a las luchas populares del país en las décadas de 1960 y 1970, y fue el fundador de la parroquia Cristo Obrero en la villa 31.
El «mártir de los pobres», como se lo llamó tras su asesinato, había nacido en Buenos Aires un 7 de octubre de 1930 y era el tercero de siete hijos de un matrimonio conformado por un padre conservador y una madre con sangre terrateniente.
Conoció al hermano de Ernesto «Che» Guevara, Roberto, y con él y otros sacerdotes viajó a Europa en 1950, para ingresar en el seminario en 1952.
Defensor del peronismo, la doctrina de Mao Tsé Tung y el «Che» Guevara, fue uno de los impulsores del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y confrontaba con las jerarquías eclesiásticas que rechazaban su alineación política.
El 11 de mayo de 1974, a las 20.15, al salir de la iglesia Francisco Solano, cinco disparos de ametralladora le atravesaron el abdomen y el pulmón, y el último le perforó la espalda.
Mugica murió en el Hospital Salaberry y sus últimas palabras a la enfermera que lo custodiaba fueron «ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo».
La causa por los crímenes cometidos por la Triple A la lleva adelante el juez federal Norberto Oyarbide, quien los consideró como delitos de «lesa humanidad» y, con esa decisión, logró que la causa sea considerada imprescriptible, ya que corría serio riesgo de ser archivada.
El Cura baraderense, Francisco Liaudat, recuerda en su muro de Facebook al Padre Carlos Mugica, con parte de una entrevista que le realizó la revista Siete Días:
¿Quién es, qué es Dios?
Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere-, ése, verdaderamente se une a Cristo.
¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso con los argentinos, con su pueblo?
Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia. Todos los días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño el mensaje de Cristo.
(Entrevista Revista Siete Días, 1972)
Gracias Señor por este cura, testigo del Reino y mártir para tu Pueblo…
Párroco Francisco Liaudat















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