Cuando en mayo del 2011 un grupo de familias decidió ocupar unos terrenos cercanos al Aero Club Baradero que hoy se conocen por los del barrio La Igualdad, se levantaron voces que abarcaron un amplio espectro de opiniones. Estaban los que deseaban la presencia inmediata de la policía para expulsar a los intrusos, quienes llamaban a los vecinos a impedir la toma de terrenos que, se decía, estaban destinados a un futuro barrio de viviendas y, como siempre, también opinaban aquellos que entendían la situación de todos los que, ya sin esperanzas de obtener su techo, salieron a ubicarse donde pudieron.
Como en todos los aspectos de la lucha social, ocuparon un papel destacado las mujeres y entre ellas, hubo dos cuyos nombres comenzaron a trascender de inmediato. Lorena Ríos, una joven madre de varios hijos, mostró ante quien lo deseara, una nota firmada por la entonces secretaria del intendente municipal, Olinda Sartor, autorizándola a instalar su casilla de madera en los terrenos en disputa que, hay que recordar, no eran un vergel sino sectores bajos, anegadizos, que ante las primeras gotas de lluvia se inundaban causando, como sucedió, serios inconvenientes a las familias allí asentadas que sufrieron todo tipo de percances, habiendo casos en los que algún pequeño llegó a estar al borde de la muerte debido al ambiente insano, frío y húmedo, en que vivía su familia.
Lorena halló su compañera ideal en Poly Balcarce, otra mujer muy joven pero con las agallas y decisión de alguien con vasta experiencia en la lucha y en la vida. Ni una ni otra eran fáciles de convencer con habladurías y promesas frágiles, ambas podría decirse que eran «duras de domar». Esto las llevó, de manera natural, a constituirse en líderes del grupo, ya que además de utilizar un lenguaje amplio y entrenado en el diálogo, estaban siempre en el último puesto cuando se trataba de recibir algo mostrando que no era el interés particular lo que las movía sino el de todos: primero para los demás, luego, si alcanzaba, si había, les tocaba a ellas.
Cuando los avivados de siempre se dieron cuenta que las dos mujeres eran difíciles de arrear acudieron a los subterfugios de siempre, que como un eufemismo llaman «política» pero que muy lejos está de serlo.
Apelando entonces a una de las características propias del ser humano, la egolatría, amañaron una comisión de vecinos y para la reunión constitutiva apelaron al sencillo recurso de no invitar a ninguna de las dos mujeres y, entonces, colocaron al frente a personas con distinta opinión, seguramente más manejables.
De 40 módulos a 10 y apenas…
El Estado ayuda a las familias que están en un asentamiento mediante el aporte de los materiales necesarios para erigir lo que llaman «módulos» y que consiste en una construcción de mampostería de 4 x 7 mts. con sus aberturas y techo. Se trata de un paso inicial que no parece demasiado (y no lo es), pero sirve para que las personas vivan con un poco de decoro. Cuarenta módulos les fueron asignados a los pobladores del barrio La Igualdad, pero a la fecha solamente diez de ellos están en construcción. Cuando llegó el turno de asignarle uno a Poly Balcarce, ya no lo necesitaba, con su esfuerzo y el de su ex marido, lograron levantar paredes y techar lo que hoy es su casa. Para Lorena Ríos y sus chicos, no hubo módulo, siguen viviendo en una casilla de madera que a medida que pasan los días, va perdiendo ya no confortabilidad, sino seguridad puesto que se sostiene de manera precaria debido al tiempo transcurrido sin un mantenimiento adecuado.
También es necesario destacar que el barrio ya no es aquel de un principio y que si bien aún hay construcciones elementales, con chapas y maderas, existen otras, la enorme mayoría, levantadas con ladrillos cerámicos, cada casa posee su medidor de energía y la mayoría de los vecinos lucha por mejorar su hábitat pese a todas las dificultades ya que aún hoy, pasados más de cuatro años, tras la lluvia las calles se tornan intransitables y se forman pantanos en las zonas que todavía están bajas, lo que dificulta la vida de los vecinos afectados que, en oportunidades, para poder salir de sus casas a la calle, necesitan ir solicitando permiso a otros puesto que deben cruzar patios ajenos para hacerlo, tarea que se dificulta más, si es que se puede, por las noches debido a la pobre iluminación del barrio.
El barrio, de cualquier manera y pese a todo, es un claro ejemplo de las ansias de superación del ser humano y una muestra de que lo que necesitan las personas, es que se las ayude a encontrar una oportunidad de vida mejor.
Gabriel Moretti
El Diario de Baradero















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