Con mucha alegría se inauguró, años atrás, la cuadra de calle Teófilo Rosell entre Colombres y Gazcón. Se la había construido como bulevar con algunos ejemplares de pindó y resultaba un considerable alivio al tránsito que, ya sin la obligatoriedad de girar por Rosell hacia Darragueira o Malabia, tenía la nueva opción de ir hacia Gazcón.
Las primeras luces de alarma se encendieron cuando, a pocas semanas de la inauguración, se produjo el hundimiento de una losa en la esquina frente al asilo de ancianos; se hicieron algunas reparaciones que duraron lo que un suspiro y, con el paso del tiempo, la calle se fue deteriorando a punto tal que la ambulancia del hospital, ya ni siquiera utilizaba la mano del bulevar que le correspondía sino que, en emergencias, se conducía por la contraria pues una vez, cuando lo hacía por la vía natural, a raíz de los baches casi vuelca llevando un paciente.
Días pasados se terminó colocando rap en las dos manos del bulevar haciéndolo transitable pero, como en el Martín Fierro, «sólo toca al disgraciao, lamentar el bien perdido». Del hermoso bulevar pavimentado que hubo, tenemos una calle en la que se ha hecho lo posible.
El Diario de Baradero












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