El modelo de cielos abiertos que prometía conectar al país de forma barata termina de la peor manera: aviones en tierra, bolsillos saqueados y cientos de familias en la calle. Un claro caso de vaciamiento por parte de un empresario libertario cercano a Santiago Caputo.
Foto: NA
La empresa aérea Flybondi, bandera y orgullo de la flexibilización aerocomercial nacida en el macrismo y profundizada bajo la narrativa libertaria, ingresó en una fase de colapso operativo y vaciamiento financiero que parece no tener retorno. A este martes, la low cost acumula 13 días consecutivos sin realizar un solo vuelo comercial, su portal web oficial está completamente caído, y el frente gremial se incendia con acusaciones de despidos masivos y estafas salariales.
Desde el inicio de la semana, los usuarios que intentan ingresar a la plataforma de Flybondi se topan con un frío código de error «504». La caída técnica del servidor no es un desperfecto casual; es el reflejo virtual de una compañía cuyos motores se apagaron hace rato. La interrupción dejó a miles de damnificados en un limbo absoluto, incomunicados y sin canales para exigir reembolsos o reprogramaciones.
La parálisis es total. Tras haber cancelado el 75% de sus operaciones en julio y más del 80% en lo que va de agosto, la empresa dejó de operar su reducida flota. El impacto a los usuarios es récord en la historia de la aviación local: desde enero se cancelaron más de 2.400 vuelos, afectando a cerca de 400.000 personas. Con un valor promedio estimado en 50 dólares por tramo, la deuda acumulada por pasajes no devueltos ya supera los 19 millones de dólares, configurando lo que agrupaciones de consumidores ya catalogan como una estafa masiva a la vista de los organismos de control.
Desde marzo de este año, la nueva conducción de la empresa inició un agresivo plan de achicamiento que ya se cobró las fuentes laborales de más de 700 trabajadores, mediante despidos directos sin causa y planes de retiros voluntarios.
La debacle de Flybondi se aceleró drásticamente tras el desembarco del empresario Leonardo Scatturice -vinculado estrechamente al oficialismo, por su cercana relación con Santiago Caputo, y a estructuras de inteligencia- a través del control de la firma. En las últimas semanas, el fondo de inversión estadounidense COC Global (accionista mayoritario) destapó una olla a presión al denunciar penalmente el hallazgo de «divergencias fraudulentas» e información financiera falsa suministrada por el anterior management
A este laberinto judicial se sumó el golpe de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), que ordenó el embargo de las cuentas bancarias de la aerolínea por más de 1.500 millones de pesos debido a deudas impositivas acumuladas. En el plano internacional, la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC) de Brasil le prohibió formalmente comercializar pasajes en su territorio por los reiterados incumplimientos.
Mientras las agencias de turismo le cierran la puerta y los proveedores exigen la quiebra comercial por falta de pagos de insumos básicos como el combustible, los trabajadores resisten. La sospecha generalizada es que el plan de fondo es un vaciamiento coordinado: sacarse de encima los convenios laborales, licuar las deudas y reconfigurar la empresa bajo otra marca comercial para empezar de cero. Ni más ni menos que la fórmula de siempre en la que quienes siempre pierden son los trabajadores










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