Una expedición científica sin precedentes puso al país a mirar hacia el fondo del mar. Por primera vez, miles de personas siguieron en vivo la exploración del cañón submarino frente a Mar del Plata. Las imágenes captadas por el CONICET y el Schmidt Ocean Institute se volvieron virales, despertaron fascinación, memes y un inesperado entusiasmo por la ciencia oceánica.
Por Gaspar Grieco y Andrés Alarcón – Noticias UNSAM



Un gusano que parece de otro planeta. Esponjas gigantes. Corales fríos que laten como si tuvieran pulso. El hallazgo no fue en un laboratorio ni en una película de ciencia ficción, sino a 3.900 metros de profundidad, frente a las costas argentinas. La campaña Talud Continental IV, llevada adelante por el CONICET y el Schmidt Ocean Institute (SIO), puso a la ciencia en el centro de la conversación pública y a las criaturas del fondo del mar, en el centro de los memes.
A bordo del buque Falkor (too), el robot submarino ROV SuBastian transmitió en vivo por YouTube cada inmersión, mostrando escenas asombrosas del Cañón Submarino de Mar del Plata. Lo que parecía reservado a revistas científicas o papers académicos, se convirtió en contenido viral, con hashtags como #MarProfundo o #FideoDelAbismo, donde miles comentaban, editaban clips y compartían hallazgos con entusiasmo inédito.
“Se están observando ecosistemas de los que se sabe muy poco, en una de las regiones más energéticas del océano global”, explica María Paz Chidichimo, investigadora del CONICET y directora del Área de Oceanografía Física y Clima de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS) de la UNSAM. “Es una zona crítica donde se encuentran la Corriente de Brasil y la Corriente de Malvinas. Esa interacción crea un sistema con una dinámica muy compleja y altamente variable”.
La doctora Chidichimo, doctora en Oceanografía Física por el Instituto Max Planck (Alemania), destaca que esta campaña utiliza sofisticado equipamiento de última generación. A diferencia de exploraciones anteriores, que usaban otras herrmientas como redes de arrastre, el buque perteneciente a SIO cuenta con vehículos operados remotamente que capturan imágenes en alta definición y permiten la toma de datos y recolección de muestras sin perturbar el ecosistema.
Los investigadores de la campaña pudieron visualizar comunidades que viven sobre corales y esponjas de aguas profundas, estructuras que funcionan como refugios para muchas especies. Algunas de ellas no habían sido observadas antes. Todavía no saben si se trata de especies nuevas o si antes simplemente no se tenía acceso a la tecnología para detectarlas.

Ciencia viral: del laboratorio a TikTok
Lo que hizo especial a esta campaña fue, sin duda, su estrategia de comunicación y divulgación. Desde el primer día, las transmisiones en vivo se volvieron virales: usuarios de redes sociales capturaban fragmentos del streaming, generaban memes, bautizaban criaturas con nombres humorísticos y compartían clips con música dramática o comentarios en tono de reality.
“¡Descubrimos al fideo del abismo!”, decía un meme con una criatura gelatinosa. “Cuando el Conicet stremea es más interesante que cualquier influencer”, comentaba otro usuario en TikTok. Algunos posteos ironizaban con la frase “el país hablando de un gusano abisal por primera vez en la historia”, mientras miles se sumaban al canal en YouTube para ver qué aparecería en pantalla.
“La transmisión mostró al público general la riqueza de la biodiversidad del Mar Argentino”, agrega Chidichimo. “La ciencia necesita de estas ventanas abiertas: avanzar en el conocimiento científico como insumo esencial para generar conciencia y fomentar políticas de conservación”.
El mar profundo y el cambio climático
Lejos de ser un mundo aislado, el fondo marino está íntimamente conectado con el cambio climático. El océano profundo absorbe y almacena calor y carbono emitido por la actividad humana. Según Chidichimo, eso mitiga el calentamiento global, pero también tiene efectos colaterales.
“El calentamiento del océano modifica la dinámica de las corrientes, afecta la disponibilidad de oxígeno en las capas profundas y la absorción de dióxido de carbono atmosférico puede llevar a la acidificación del agua”, advierte. “Todo eso impacta directamente en los ecosistemas: algunas especies se adaptan, otras se desplazan, pero muchas simplemente no sobreviven”.
Además, las corrientes se están desplazando: hay evidencia científica que indica que la confluencia entre la Corriente de Brasil y la de Malvinas se mueve hacia el sur, alterando no solo el clima regional sino también el ambiente físico del fondo marino.
“Estos cambios afectan la salinidad, la temperatura, la oxigenación del agua y, por lo tanto, el hábitat de muchas especies. Por eso es urgente contar con mediciones de largo plazo que nos permitan cuantificar estos fenómenos y validar nuestros modelos predictivos”, sostiene.

Lo que viene después
Cuando la expedición finalice, los datos quedarán disponibles bajo un sistema de acceso abierto, promovido por el Schmidt Ocean Institute. Esto permitirá que científicos de todo el mundo puedan analizarlos, comparar con otras campañas y contribuir al conocimiento global del océano profundo.
“Además de las publicaciones académicas, es fundamental que estos hallazgos lleguen a quienes toman decisiones”, concluye Chidichimo. “Necesitamos traducir la ciencia en acciones concretas, como la creación de áreas marinas protegidas. Esa es la única manera de preservar estos ecosistemas únicos y tan poco explorados”.
Mientras tanto, en redes sociales, el abismo sigue generando asombro. En una época en que lo viral suele ser banal, el fondo del mar argentino logró lo impensado: convertirse en trending topic con ciencia pura y criaturas reales. Como si por un instante, el país entero hubiese mirado hacia abajo. Muy abajo.










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