A raíz de una investigación vinculada a una denuncia por hurto, se extendió orden de allanamiento para dos domicilios, uno de ellos ubicado en Cabrera entre Serrano y Passo, donde reside el ciudadano Leonel Pendola donde se procede al secuestro de varias armas de fuego, armas de puño y escopetas, una carabina, como así también algunas computadoras, una notebook, 20 cartones de cigarrillos de distintas marcas, medicamentos, una moto con pedido de secuestro desde el 2005, una moto CG desarmada color roja, repuestos de motos, dos grupos electrógenos, un amplificador de sonido.
En el segundo domicilio de calle Malabia 1350, donde reside Mario Ángel Carossi, se procede al secuestro de una motocicleta que condice con el color y marca de la utilizada en el hecho, y además una carabina.
Estos elementos serán examinados y cotejados con las denuncias de los hechos que tenemos y se va a hacer una convocatoria a personas que hayan sufrido algún tipo de robo y no lo hayan denunciado con la finalidad de poder reconocer los elementos incautados.
El fiscal la complicó:
Mientras registrábamos imágenes de lo acontecido en el allanamiento, curiosamente la policía recibió el llamado del fiscal Manso quien le pedía que vuelvan a dejar los elementos secuestrados en el domicilio, por lo tanto debieron permanecer en el lugar con lo secuestrado arriba de la camioneta hasta que el fiscal decida cuales serian las medidas a tomar. Finalmente y después de casi dos horas, primo el sentido común y el Dr. Manso autorizó a la policía que traslade los elementos a la comisaria.
¿Se imagina usted a la policía devolviendo estos elementos de dudosa procedencia a los moradores de la vivienda allanada?, estuvo a punto de suceder.
Mientras que la justicia no apoye el trabajo policial en tiempo y forma, hablar de seguridad seguirá siendo una utopía.



























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