Tenía 23 años cuando lo mataron a golpes en las playas de Ferrugem en enero de 2006. El caso ni siquiera llegó a juicio. La carta que envió a TN un profesor de la víctima: “Hay una deuda pendiente, por eso ante cada crimen Ariel Malvino es un nombre que aparece y despierta sensaciones encontradas”.

En enero de 2006 Ariel Malvino, un estudiante de abogacía de 23 años, estaba de vacaciones con sus amigos en Brasil y tres rugbiers correntinos lo asesinaron a golpes. Una década y media después, el caso no llegó a juicio y ninguno de los acusados pasó ni un solo día preso.

Eduardo Braun Billinghurst, Horacio Pozo y Carlos Andrés Gallino Yanzi fueron los jóvenes señalados por testigos como los responsables del brutal crimen. Los tres eran amigos y tenían otro común denominador: todos venían de familias de clase media alta, con cargos políticos o estrecha relación con funcionarios de la provincia de Corrientes. Ese fue el motivo por el que las crónicas de la época empezaron a llamarlos “hijos del poder”.

Las dos veces que declararon ante la justicia, los imputados se mantuvieron firmes en su inocencia. Aseguraron no conocer a Malvino ni haberlo golpeado. Después de años de avances y retrocesos al ritmo de la burocracia y con obstáculos, en algunos casos, inentendibles, el último intento de la defensa por esquivar la elevación a juicio oral de la causa fue durante la pandemia. Todos los planteos fueron rechazados, pero el proceso todavía no tiene fecha.

Un crimen cometido “por motivos innobles”

“El crimen fue cometido por motivos fútiles –o innobles–: un simple comentario despreciativo hecho por la víctima en relación a la conducta de los denunciados” que se estaban peleando con otro grupo de chicos. Así resumió el caso en 2017 la jueza Elaine de Souza Freitas, cuando ya habían pasado 11 años del homicidio.

Es que de acuerdo a la reconstrucción que hicieron los investigadores, el 19 de enero de 2006 en la calle general de la playa de Ferrugem, alrededor de las 5 de la mañana, Gallino Yanzi, Pozo y Braun Billinghurst participaban de una pelea con otro grupo de jóvenes y Malvino, que observaba la escena de cerca pero sin tener nada que ver en el conflicto, “hizo en voz alta un comentario despectivo sobre la actitud de los denunciados destacando la estupidez de las personas involucradas en la pelea”.

La mala fortuna quiso que esas palabras, dichas al pasar, llegaran a oídos de los acusados y les llevó solo un instante cambiar el blanco de su furia. Según consta en el expediente, Gallino Yanzi y Pozo le reprocharon a Malvino su comentario y se abalanzaron sobre él sin esperar respuesta.

La víctima pudo eludir los primeros golpes pero, siempre en base a la imputación, Pozo “consiguió arrojarle en forma certera un puñetazo en el maxilar” y Malvino se desvaneció. Para ese momento, Braun Billinghurst ya se había sumado al ataque y “con la inequívoca intención de matar, se apoderó de una piedra con un peso aproximado de 17,5 kilos que se encontraba en el lugar del hecho, e irguiéndola (sic) sobre su cabeza la arrojó violentamente contra la víctima”.

“El resultado letal pretendido no llegó a consumarse solamente por circunstancias ajenas a su voluntad”, afirmó en su momento el Ministerio Público. Al caer desmayado, Malvino dio con la cabeza contra el suelo y ese golpe fue, para los forenses que hicieron la autopsia, el que le provocó la muerte.

Un caso sin condena

Gallino Yanzi y Pozo fueron imputados de “forma definitiva” por el delito doloso de lesiones corporales con resultado de muerte. A Braun Billinghurst, por su parte, lo acusaron de tentativa de homicidio agravado, ya que se le atribuye haberle arrojado una piedra a Malvino cuando éste estaba tirado en el piso tras haber sido derribado a golpes por los otros dos sospechosos.

Se tomaron declaraciones y se reunieron pruebas, pero las traducciones del portugués al castellano y viceversa hicieron que los tiempos procesales se estiraran durante tanto tiempo que se llegó a pensar que el asesinato de Ariel Malvino quedaría impune.

“Estamos viviendo hace muchos años una justicia desigual, con victimarios con derechos y víctimas desprotegidas. Sufrimos en carne propia el destrato, el ninguneo y hasta la humillación. Once años estuvimos ‘presos’ nosotros, pero ‘presos’ del dolor, de la indignación, por eso merecemos que ahora haya justicia”, dijo oportunamente el papá de la víctima a los medios.

En 2020, la defensa de los acusados presentó diferentes apelaciones del dictamen de elevación al juicio oral y público ante el Tribunal Superior de Santa Catarina y ante el Supremo Tribunal Federal, en Brasilia. Todas las solicitudes fueron rechazadas.

Recién entonces pareció que tanta espera tendría su recompensa. “El expediente pasó a ser digitalizado. Terminada esa etapa, solo restaría fijar fecha del juicio oral y público”, explicó Malvino a Télam, esperanzado. Pero no sucedió.

TN intentó obtener precisiones sobre la situación actual de la causa pero no consiguió respuestas, ni de parte de la familia de la víctima ni del entorno de los acusados. Ya no quieren hablar del caso y la verdad se vuelve inaccesible detrás de ese silencio hermético.

Qué pasó con los imputados por el crimen de Ariel Malvino

Según un informe publicado por la agencia de noticias, Eduardo Braun Billinghurst está casado, tiene dos hijos y maneja una empresa junto a su hermano Lautaro (quien también estuvo de vacaciones en Ferrugem en 2006) dedicada a la venta de maquinaria pesada como representantes de una marca internacional. La madre de ambos, Nidia Billinghurst, se convirtió en los últimos años en jueza de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo de la provincia.

Gallino Yanzi ya no vive Corrientes, se mudó a Neuquén y con su pareja tiene una empresa turística en San Carlos de Bariloche, que ofrece excursiones y actividades como trekking, mountain bike y kayak.

Pozo está casado y tiene dos hijos. Es veterinario pero trabaja en una empresa constructora propiedad de su familia. Su papá es diputado del oficialismo.

“Rescatar el nombre de Ariel Malvino”, el emotivo mensaje de un maestro del joven asesinado en 2006

El Licenciado en Psicología Víctor Tomé daba sus primeros pasos en la docencia cuando Ariel Malvino cursaba el 5to grado de la escuela primaria y le tocó ser su maestro. Nunca lo olvidó.

“Rescatar el nombre de Ariel Malvino en este tiempo y en este contexto actual a partir del juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa hace que la realidad se torne un poco esperanzadora a pesar de la angustia y el dolor transitado.

A Ariel lo conocí en la escuela primaria donde justo ese año comenzaba a trabajar como profesor de escuela primaria y estaba a cargo, ese año, de 5º grado. Ariel y sus compañeros tenían 10 años. Era un grupo numeroso, vivaz, inquieto, creativo, bullicioso y bien diverso.

Recuerdo que Ariel era el más conversador, iba de frente, defendía a sus amigos, los cuidaba, se preocupaba por ellos. Fanático del fútbol, siempre cuando nos dirigíamos al aula, él ya iba organizando el partido que se jugaría en el próximo recreo y anticipaba el lugar que debían ocupar los otros. Era el que sabía compartir la derrota con amigos.

Muy inteligente, espontáneo, tomaba iniciativas, organizaba juegos, salidas, toda situación de clase era propicia para compartir. Para él, el otro no era uno más, era alguien a quién él lo valoraba mucho, así también le gustaba que fueran con él y con sus amigos. Disfrutaba y le encantaba hacer trabajos grupales y exponerlos, animaba a que otros se animen. Cuando alguien era juzgado injustamente, él tomaba partido y ponía su voz para que el otro tenga chances de defenderse y las sanciones sean justas.

No es ni resulta fácil despedir a alguien con quien uno entretejió un tramo de su existencia.

Recuerdo haber observado varias veces que traía en su vianda algunas cosas de más para compartirlo con algunos de sus compañeros. Su presencia llenaba el aula, se hacía sentir, era muy querido por sus compañeros. Con algunos sostenía un vínculo especial ya que eran vecinos y además compartían el club donde asistían y entrenaban. También los papás eran muy unidos y acompañaban de manera comprometida a sus hijos.

Recuerdo ese año tomaba la primera comunión, momento que unió al grupo y como tal lo celebraron.

Luego pasó el tiempo y ese grupo pasó a la secundaria, ya no tuve tanto contacto con el grupo, aunque cuando los cruzaba conversaba con ellos. Con el tiempo supe que Ariel había decidido seguir abogacía, era un carrera a la cual él la transitaría con pasión y seguramente le agregaría ese plus que lo distinguiría de entre los demás.

El 19 de enero de 2006, estaba viendo la tele y en eso la noticia… aguardé la confirmación de lo que se decía que Ariel Malvino había fallecido tras haber sido golpeado durante una pelea en la peatonal de Ferrugem, en el sur de Brasil, donde se encontraba de vacaciones con amigos… De inmediato me puse en contacto con la mamá de Federico, uno de sus amigos con los que había viajado y con quien siempre sostuve y sostengo un vínculo de amistad.

Fue tal vez el llamado telefónico más desgarrador que sostuve con Alicia… todo lo demás lo sabemos por los medios.

Acompañé de manera especial a Federico y a Fernando junto a sus familias. No me pregunté si debía o no, sabía que tenía que estar, sostener y así lo hice.

Recuerdo que en medio de ese dolor, e incertidumbre escribí una carta y se la entregué a Alicia, le pedí que la leyera en el funeral si había posibilidad… lo hizo y luego la misma salió publicada en un diario.

Costó y cuesta mantenerse de pie, la justicia no siempre acompañó este dolor.

Fueron devastadores los meses que siguieron, no es ni resulta fácil despedir a alguien con quien uno entretejió un tramo de su existencia.

Costó y cuesta mantenerse de pie, la justicia no siempre acompañó este dolor. Hay una deuda pendiente, por eso ante cada crimen Ariel Malvino es un nombre que aparece y despierta sensaciones encontradas. Tal vez porque nunca vamos a dejar de hacer visible la necesidad de que su crimen sea resuelto por la justicia.

Nada fue igual, en quienes lo conocimos, Se llevó algo de cada uno de nosotros pero lo que nos dejó fue enorme.

Hoy tal vez, con otra mirada y lectura sobre esa situación puedo afirmar que para poder aceptar esa situación tuve que pasar por varias etapas, hasta que entendí que debía poder responderme esta pregunta: ¿De qué manera podía homenajear a Ariel mientras yo viva? Comprendo que cada persona que pasa por nuestra vida nos deja un mensaje, algo que debemos aprender e incorporar para seguir creciendo. Cuando pude advertir que lo que le había reglado Ariel a mi existencia era: sentido de pertenencia, capacidad de disfrute de cada cosa que hacía, lealtad a las personas que quiero, a tener en cuenta la realidad del otro, ser empático, pude empezar a comprender que la vida de Ariel, para mí y para cada uno de los que lo conocimos, no fue en vano… tal vez este sea el mejor acto de justicia que puedo ofrecerle desde el lugar que me toca ocupar.

Hoy soy un poquito de lo que Ariel, en su breve paso por mi vida, le aportó a mi existencia”.

Prof. Lic. Victor Tomé

tn.com.ar

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