En todas sus significancias ese adjetivo tiene valor en el titulo de la nota, ya que como adjetivo calificativo Baradero es un pueblo que ya no siente dolor, no solo por lo que pasó aquel 21 de marzo de 2010, sino porque lo acontecido aquel día fue la consecuencia de una serie de hechos.
Desde la asunción de Pedro Carossi al frente del municipio el control de tránsito en Baradero fue un desastre ya que se permitió por demagogia hacer cualquier cosa, prueba de esto es que él mismo manifestó en su momento que en Baradero la ley de tránsito provincial no corría y que se podía circular sin casco. Esto llevó a un desorden tal que se llegó a ver vehículos sobre la plaza mitre, estacionados sobre las veredas cercanas de los establecimientos escolares cuando los padres buscaban a sus hijos, cualquiera tomaba cualquier calle en el sentido que le quedaba más cómodo sin importarle el sentido de la mano, etc. Así se llegó a accidente donde perdió la vida el joven Matías Patrenostre, en ese entonces de un extremo se pasó al otro y se pretendió que la gente cambiara sus malos hábitos de la noche a la mañana y encima de la peor forma, con mano dura y poniendo como responsable a una persona sin modales, sin educación, pedante, déspota, que obviamente bajo esa línea de trabajo y en la que a la mala educación de la gente, a la intolerancia hacia las reglas por parte de los ciudadanos, SE LES CONTESTÓ CON MÁS INTOLERANCIA, AGRESIÓN, cuando lo que correspondía era dar el ejemplo. Cosa que nos lleva al 21 de marzo, en medio quedo el abandono del pueblo, la desidia, calles destruidas, la salud a la deriva, los servicios colapsados, la muerte de jóvenes en accidentes de tránsito por falta de controles, la muerte de jóvenes como Marisol Pérez, Analia Ledesma también por falta de controles, el avance de la inseguridad, los robos a familias, a abuelos, por falta de controles, la muerte de Juan Carlos Dumbsky. Tal vez todo esto tenga que ver con “la parábola de la rana hervida”: Si ponemos una rana en una olla de agua hirviendo, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida y, finalmente, no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y hierve. ¿Por qué? Porque su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales”. No creo que nadie crea (valga la redundancia) que a los baraderenses nos gusta lo que vivimos. Lo que sí creo es que somos todos actores de nuestro destino, los problemas no nos vienen como causas externas, sino que somos nosotros mismos los que creamos los problemas con nuestros actos. Son causas internas las que vemos reflejadas en el exterior, del que no estamos separados en ningún caso, jamás debimos pasar un semáforo en rojo, por ejemplo. También es cierto que somos nosotros los que debemos reaccionar para no morir hervidos como la rana. ¿Cómo? Es simple, no hace falta reaccionar con violencia, vivimos en un sistema democrático que nos dio en 2011 la oportunidad de redimirnos con nosotros mismos y la desaprovechamos. Acá no es culpa de Carossi solo, acá jugaron los intereses personales de cada uno de los actores políticos. Una vez más el carossismo ganó las elecciones no por propio mérito en la administración municipal, sino por saber desempeñarse en los laberintos de la política. Sí, lo que sucedió una vez más fue lo que vengo diciendo desde hace tiempo, al carossismo no le hace falta gobernar bien, de hecho nunca lo hizo, lo único que le hace falta es manejar a la oposición como lo viene haciendo desde 1991. Pedro Carossi gano esas elecciones por una interna en la oposición en ese momento, el carossismo se mantuvo en el poder por eso mismo.
Desde pequeños, para facilitarnos el aprendizaje, nos enseñaron a analizar y fragmentar las cosas como si el mundo estuviera compuesto por miles de compartimentos estancos sin relación alguna. Sin embargo, en momentos de cambio o crisis, al querer reunir los trozos dispersos para tener una visión general, somos incapaces de retroceder al estado unitario, porque hemos perdido la perspectiva global en el camino. Las fuerzas no están separadas ni desconectadas, sino que son causa y consecuencia entre sí. La realidad no es lineal, como nuestro pensamiento nos quiere hacer creer. Sabiendo la palanca que mueve el cambio, como dijo Arquímedes, sabremos alinear los objetivos hacia una misma dirección y podremos recobrar el equilibrio. Por eso mismo debemos reaccionar, tomar la palanca de Arquímedes que mueve el mundo y cambiar nuestro destino. Exigir a nuestros dirigentes responsabilidad y ser nosotros responsables también en esa tarea. Debemos votar responsablemente y ser responsables nosotros también, nuestro deber como ciudadanos no es votar nada más.
Pensemos entonces que qué temperatura está el agua, ¿Nos permitirá reaccionar? ¿Podremos mover la palanca o nuestro sistema de defensa no se dio cuenta del cambio? ¿Ya no sentimos dolor por lo que le pasa a Baradero?
Si no somos capaces de reaccionar creo que sí, que somos ya un pueblo indolente. Un pueblo que no se conmueve por lo que le pasa, que nuestro sistema de defensa, como el de la rana ya no reacciona.
También en ese caso es indolente porque no reacciona, no se mueve, es flojo y perezoso. Ya no tiene voluntad por hacer un giro en su destino
Álvaro Centurión
DNI:23403893
Mail: [email protected]












Comentarios de Facebook