Finalizó la séptima edición del encuentro técnico científico que aborda la producción de frutales de carozo en nuestro continente. El próximo será en Uruguay en 2019, pero hasta entonces quedan muchas tareas para hacer y mejorar lo que se hace con estos cultivos.
Transitaron la apretada y variada agenda, 90 personas, entre disertantes, expositores y participantes. Su concreción es producto de la articulación interinstitucional donde confluyó la nación, la provincia, los municipios, las asociaciones profesionales, los productores y también auspiciantes, en todos los casos empresas vinculadas al sector.
Los duraznos, las nectarinas y las ciruelas fueron las protagonistas del encuentro entre todos los prunus, y se planteó de manera recurrente la complejidad que presentan estos cultivos. La corta campaña que tiene cada variedad y las diferencias entre una y otra que hacen difícil sostener una propuesta uniforme para el consumidor. Las contradicciones entre los atributos “visuales” que condicionan las compras, versus las sensaciones que provocan en quienes los consumen, o las dificultades que traen a nivel sanitario. El tema del cambio climático, y cómo eso repercute en el tamaño y cantidad de la fruta. La difícil tarea del mejoramiento y los intentos desde la biotecnología para acelerar procesos.
En contraposición a la interminable y difícil labor que suponen estos cultivos, el encuentro fue un núcleo de esperanza. En primer lugar, la importante participación de especialistas de los distintos países. Luego, el apoyo recibido por distintos actores ocupados en apoyar al sector. Y también, lo que supuso cada presentación, cada investigación, cada momento del encuentro hasta la definición de la próxima sede, volviendo a sus principios y con ganas de consolidar un espacio que incorpore a las nuevas tecnologías como facilitador del encuentro.
En el cierre, todos los participantes se vieron muy motivados, conformes y agradecidos. Quedó resonando una idea que circulara en las múltiples conversaciones que se dieron de a grupos pequeños, sobre el valor de espacios como este, donde no existen las fronteras políticas, científicas, técnicas y muchos menos las mezquinas que pueden resquebrajar los vínculos. Aquel sueño que algunos de los creadores de este espacio, como Jorge Soria de Uruguay y María Do Carmo Bassols Raseira de Brasil, de reunirse para compartir y potenciar el trabajo en esta especialidad, sigue más vigente que nunca a 15 años de su primera edición.















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