El paso de Candioti
Esta historia trata de una broma gastada a todo un pueblo pero una broma genial, muy bien armada. La anécdota posee ribetes increíbles para quienes hoy conocemos la materia en la que se basó el bromista, pero en esos tiempos nada era como hoy y eso fue lo que aprovechó el ocurrente baraderense que la pensó y ejecutó.
En nuestro país, la prueba de resistencia para nadadores por excelencia es el raid Rosario-Buenos Aires y quien primero intentó completar la distancia fue el mítico raidista Pedro Candioti, conocido como «El tiburón del Quillá».
Hay que situarse en la época en que esto sucedió pues tal cosa resulta imprescindible para entender mejor lo sucedido. Candiotti iba a pasar nadando por el río Baradero, como lo han hecho desde él en adelante todos los que intentaron completar el raid. La noticia era toda una novedad para la población de entonces que pocas cosas tenía fuera de las rutinarias para distraerse.
Así resultó que el entusiasmo ganó a los baraderenses que estuvieron a la expectativa del paso del nadador y cuando se conoció fecha y hora aproximada en la que pasaría el raidista, hubo todo un movimiento hacia la zona del puerto para saludar el paso del nadador. Autoridades, banda de música, un grupo de niñas portando flores, que serían arrojadas al paso del atleta y casi todo el pueblo, se concentró a la vera del río a aguardar.
Quien preparó la gran broma, tal vez la mayor de la historia de nuestra población, se apellidaba Garbín, pero se lo conocía más por su singular apodo de «Cuero duro». Garbín se fue sigilosamente río arriba y tal vez donde está hoy el balneario, a la altura de la desembocadura del Arrecifes, se lanzó al agua y comenzó a nadar hacia la zona del puerto.
Téngase en cuenta que era la primera vez que pasaba alguien cumpliendo esa prueba, que los medios de comunicación no eran ni remotamente parecidos a los de ahora y que, por lo tanto, nadie sabía de las características propias de una prueba semejante.
Lo certero resultó que, cuando apareció Garbín a nado en medio de las aguas del río, nadie puso en duda que se trataba de Pedro Candioti y entonces comenzaron a sonar los acordes de la banda, las niñas arrojaron sus flores al agua y los vivas y aplausos se repitieron largamente al paso del nadador que, cuentan los que vivieron el momento, saludaba al pueblo desde el agua.
Se cree que Garbín salió del río varios metros más adelante del puerto, en un sitio en el que ya no había personas aguardando su paso y se fue tranquilamente a su casa.
Como resulta natural, pasado el momento, banda, niñas y público se retiraron del lugar en el que tal vez hayan permanecido unos pocos, quizás ellos fueron los que descubrieron la verdad cuando, sin nadie ya que lo esperara, Pedro Candioti pasó por la costa del puerto local seguramente asombrado de que nadie esperara por él, sin música como en casi todas las otras poblaciones que superó, sin flores, sin público esperándolo y sin siquiera sospechar que todo se lo había robado «Cuero duro» Garbín.
El marinero Panno
Muchos baraderenses que hoy peinan canas, si les quedan, recuerdan que, en la esquina de San Martín y Colombres, a las puertas de una tienda que aún perdura, era frecuente ver la estampa de Domingo Panno, «Mingo» para todos. Era hermano de Emilio, un ocurrente pintor de brocha que, como muestra de su ingenio, en la década del 60 colgó un cartel de publicidad de su trabajo a un costado del ring de box del Club Atlético, en el que podía leerse lo que sigue: Emilio Panno – Pintor. Domicilio: en construcción. Teléfono: pedido.
Mingo permanecía de pie en la esquina citada a la espera de lo que pasaran para intercambiar un saludo o alguna frase; se cuenta que su preferida fue una que llegó hasta nuestros días y que se repite la mayoría de las veces sin conocer su origen, que hoy revelamos. Cuando alguno se cruzaba con Mingo y le preguntaba cómo estaba, respondía: «Tamo en láultima», con la pronunciación y acentuación de la manera que se ha escrito.
Panno era solterón, pero tuvo una novia que era de Ramallo y, como sucedía a menudo antaño, el noviazgo se hizo muy, muy largo y jamás llego a ser matrimonio formal. De ese prolongado romance nació un muchacho, Panno de apellido, que al llegar a la edad correspondiente, de acuerdo a la ley Richieri de aquellos tiempos, fue convocado a prestar el servicio militar y destinado a servir en la marina. Quiso el destino que el flamante marinero Panno fuera embarcado en el A.R.A. Rastreador Fournier que zarpó el 21 de septiembre de 1949 desde Usuahia con rumbo al Estrecho de Magallanes y que el 22 desapareció en las profundidades marinas con toda su tripulación, 77 marineros, entre ellos Panno, en lo que significó una verdadera tragedia nacional.
En la actualidad, una de las calles de Villa Ramallo, lleva por nombre «Marinero Panno», hijo de un caracterizado baraderense.
El timbre de Carossi
En Alsina había o todavía hay un bar que está a pocos metros de la casa del ex intendente Pedro Carossi; del bar salían parroquianos que con frecuencia solían pasar por la vereda de la casa de don Pedro y, por suiupuesto, pasaban en las más diversas condiciones, algunos lúcidos y otros no tanto.
La época a que hacemos referencia es aquella en la que comenzaron a aparecer los timbres que aún perduran y cuyo botón, mediante la misma corriente eléctrica de la línea, aparecen como encendidos de un color rojo intenso.
Pedro Carossi había instalado uno de estos timbres a la puerta de su casa y se cuenta, se lo asegura, que una noche muy oscura, saliendo del bar nombrado un parroquiano con algunas copas de más, cuando transitaba por la vereda y viendo el botón rojizo del flamante timbre, se arrimó a la puerta y allí dijo lo que resultó histórico para los alsineros: «…me da fuego Carossi».
El Diario de Baradero













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