En los últimos meses, los vecinos de Baradero hemos sido testigos de un incremento desmedido en las tarifas de los servicios, sin que esto se traduzca en mejoras concretas para la población. Mientras las facturas llegan con aumentos que superan cualquier índice razonable, la calidad del servicio sigue siendo deficiente, con cortes frecuentes, conexiones intermitentes y una atención al cliente que no logra responder a las necesidades básicas de los usuarios.
Lo más preocupante es la total falta de transparencia en la justificación de estos incrementos. ¿En qué se están invirtiendo los recursos adicionales que pagamos mes a mes? Las calles no reflejan mejoras, la infraestructura sigue siendo la misma y los problemas persisten. Mientras tanto, otras localidades con servicios similares mantienen tarifas más accesibles y una calidad de servicio notablemente superior.
No se trata de un problema de los trabajadores, quienes cumplen su función dentro de las limitaciones que les impone la empresa, sino de una gestión que prioriza el aumento de ingresos sobre la calidad del servicio. Los reclamos de los usuarios caen en saco roto, las promesas de mejora nunca se materializan y la sensación de abuso por parte de la empresa crece entre los vecinos.
Es momento de exigir respuestas claras. ¿Por qué seguimos aceptando tarifas que no se corresponden con el servicio recibido? Los aumentos deberían venir acompañados de inversiones visibles en infraestructura, mantenimiento y capacidad de respuesta, no ser simplemente un mecanismo para compensar una mala administración.
Baradero merece un servicio acorde a lo que paga. Si la empresa no puede garantizarlo, entonces corresponde que las autoridades intervengan para proteger a los usuarios de estas prácticas abusivas. El silencio y la pasividad solo benefician a quienes priorizan las ganancias sobre el bienestar de la comunidad.










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