Más de mil negativos fueron recuperados y gran parte del material sigue siendo inédito. La complicidad, respeto y cariño por Eva Duarte hizo que Alfredo Mazzorotolo guardara silencio por dos décadas, incluso con su familia. En diálogo con Infobae, su hija María Teresa contó cómo fueron sus inicios, el desentierro de los negativos y la espontaneidad con la que muestra a los líderes

Un árbol ubicado al lado de la tranquera de un campo de Cascallares en Buenos Aires, se convirtió en el lugar elegido por Alfredo Mazzorotolo para esconder mil negativos con fotografías de Eva Perón. Durante 20 años las mantuvo en secreto y si bien algunas salieron a la luz, muchas otras siguen siendo inéditas.

Ni la humedad ni una inundación hicieron que el fotógrafo rompiera el silencio a lo largo de dos décadas. Sin decirle a nadie, en los momentos previos a la Revolución Libertadora, tomó gran parte del material fotográfico que consideraba de “descarte” y lo enterró bajo tierra.

Hoy su hija María Teresa Mazzorotolo continúa recuperando la historia a través de la fotografía de su padre y no solo contó cómo obtuvo los negativos sino que compartió algunas imágenes.

“Decían que por el campo pasaban las tropas que habían bombardeado un puente colgante a unos 15 kilómetros de donde nosotros estábamos”, recuerda la historiadora María Teresa sobre los inicios de la denominada Revolución Libertadora de 1955.

La tensión que se sentía, era el marco en el que su papá llevó a su esposa y dos hijas al campo donde había crecido para que estuvieran protegidas. El nombre de Perón y Eva ya estaba prohibido y “él contaba que cuando volvió a la editorial habían roto todas las rotativas y habían destruido un montón de cosas”.

Fue por eso, que Mazzorotolo “sacó totalmente en secreto” las fotos de su casa y las enterró en ese viaje donde María Teresa tenía 5 años pero en el que percibía el temor del contexto.

Desde temprana edad, Mazzorotolo fue un “buscavidas”. Pasó de estudiar dibujo y pintura a electricidad por correspondencia. “Le tocó el servicio militar en la marina, de manera que a los 19 años viajó a Buenos Aires”, recordó su hija, quién indicó que allí permaneció realizando tareas de mantenimiento eléctrico y luego fue adiestrador de perros en la policía.

Formó parte de una productora de cine con el seudónimo Alfredo Zaires y entre sus amigos se encontraba un periodista que lo habría incentivado a involucrarse en la fotografía. “Debe haberse incluido en los grupos del incipiente peronismo de esa época”, indicó su hija, quién sostuvo que si bien no era militante “era un laburante que simpatizaba con determinadas ideas”.

Luego de que el peronismo adquiriera la editorial Democracia, “mi papá entró como fotoperiodista y supervisor del área gráfica”. Es en ese entonces que Mazzorotolo solicitó que lo adjuntarán al grupo de fotógrafos personales de Eva Duarte y se incorporó a los reporteros gráficos de Presidencia y de otros medios de comunicación.

“Mi papá se iba con todo el material. Seleccionaba lo que era mejor y el resto lo guardaba en sobrecitos”, detalló.

Con su cámara, Mazzorotolo fue testigo de diversos momentos en la vida de Eva Duarte entre 1947 y 1952. Viajes en trenes, visitas oficiales, reuniones en su despacho y el especial vínculo entre Evita y Perón, fueron algunos de los momentos que supo inmortalizar.

“En 1996 me llama un día y me dice que fuera acompañarlo porque iban a ir a a ver una fotografía que él tenía y que le querían comprar, pero tenía miedo porque estaba sordo”, recordó María Teresa.

Sin saberlo, fueron al campo junto a dos integrantes de una editorial italiana y “mi papá entró con unas cajas de zapatos y las puso arriba de la mesa. Las abrió y empezó a sacar los sobrecitos. Nos quedamos locos porque sacaba y seguía sacando negativos”.

En total, eran cerca de mil negativos de vidrio y celuloide que se conservaron bajo tierra, los cuales “no sé cómo las acondicionó, pero las dejó perfectas”. Luego de concretar la venta, “él guardó todo, me dijo ‘yo ya las cuidé bastante y de ahora en más las cuidas vos’”.

Entre los negativos, Mazzorotolo conservó diarios, cartas, y distintos documentos que acreditan su historia. Luego de su muerte en 1998, las fotografías “estaban latentes pero yo no sabía qué hacer”.

El poder de la imagen resulta clave por ser una de las maneras más realistas de registrar un contexto y como documento histórico. Por eso, María Teresa dedicó varios años en indagar la historia detrás de cada foto.

En ese sentido, los discursos y pequeños detalles resultaron claves. Cuando Eva “volvió de Europa donde fue con la idea de buscar la forma de modificar el tema de la beneficencia que se hacía; cambió totalmente su aspecto y pasó al cabello recogido y a los trajes sastres”.

“Entonces digamos que sí vos la ves con un peinado muy rebuscado es antes del 47, pero no lo podés establecer en qué lugar”, sostuvo la historiadora, quién se valió de distintos archivos para reconstruir parte del contexto de las imágenes que hizo su padre, y que aún hoy restan por investigar.

El pacto de silencio entre los fotógrafos más cercanos de Eva Duarte

Pinélides Aristóbulo Fusco, el fotógrafo privado de Perón y Eva, y quién logró imágenes que pasaron a formar parte de la iconografía peronista; fue el único que conocía el secreto de Mazzorotolo. Pero guardó silencio y lo reveló muchos años después de la muerte de su amigo.

Ese mismo lazo de amistad los impulsó a establecer un acuerdo de silencio que aún se mantiene. “En los últimos años en que Eva estaba muy enferma, los tres fotógrafos hicieron un pacto de no dar a conocer nunca las fotografías que la mostraban a ella muy débil”, indicó María Teresa.

A partir del diálogo con su padre, recordó que las imágenes “mostraban los inicios dónde estaba muy decaída”. Pese a que María Teresa buscó las fotos, “no para darlas a conocer”, nunca logró encontrarlas. “Solamente están donde se la ve a ella más decaída, y es en su último cumpleaños a poquitos meses de fallecer”, recordó.

“Todos los que trabajaban con ella le decían señora. Evita era para la gente del pueblo y para los que la seguían. Era un respeto muy grande y eso te lo marca el hecho de lo que hicieron con las fotografías cuando ella estaba enferma. No querían que la vieran deteriorada porque consideraban que era una falta de respeto, o sea, hoy en día hubieran sido las fotos de la primera etapa”, resaltó la hija de Mazzorotolo.

Si bien algunas fotografías no seguían el paradigma de la imagen oficial de la época, “son muy espontáneas” y por eso, el archivo hallado también resulta inédito por su estilo. De hecho, los detalles que en su momento no eran acordes al fotoperiodismo del momento, fueron los que hicieron que muchos negativos hayan sido considerados como “descarte” y enterrados.

Tras la muerte de Eva Duarte, Mazzorotolo pasó a trabajar con Perón, con quién estableció un vínculo de complicidad. “Le preguntaba a mi papá dónde se metía que nunca lo veía para sacarle la foto cuando iba en auto. Hicieron una apuesta y Perón le dijo: ‘hoy salgo te voy a buscar por todos lados y te voy a encontrar’. Fue entonces que le sacan una foto a mi papá que estaba subido a un farol del Congreso, pasa el coche y Perón lo está señalando”, recordó María Teresa sobre las anécdotas que le contaba su papá.

Los retratos de una pareja militante

La reconstrucción de la fotografía sigue activa y hasta ahora solo un pequeño porcentaje de las imágenes se conocen. Algunas fueron expuestas en el Instituto de Investigaciones Históricas Eva Perón, en Pichincha 1080, el Congreso y en una muestra itinerante del Ministerio de Educación.

“Tengo fotos de Perón que no se han visto nunca”, destacó María Teresa, quién junto a Oscar Strada lanzaron un libro con imágenes de Perón y Evita desde una mirada de pareja militante “no de la forma gubernamental sino directamente por la personalidad”.

A través de las imágenes y su análisis plantearon que “construyeron una relación que generó una adhesión masiva sin precedentes, modificando la realidad y la política argentina”.

“La pareja se va modificando, pero nunca deja de ser una pareja comprometida”, planteó a partir de las actividades compartidas tanto en las actividades oficiales como íntimas. Entre los recuerdos más dolorosos, destacaron el llanto de Perón en el baño mientras Evita se encontraba enferma, o bien, su decisión de asistir cada miércoles a la Fundación Eva Perón, tal cómo ella solía hacer.

Strada sostuvo que mantuvieron “una vida de pareja tan corta y que hayan producido una revolución social, nos parecía fundamental”, por eso, se preguntó cuál era el objeto de la causa y consideró que “era la militancia que implica ceder lo individual en función del otro y esta fue la causa peronista y el motor de toda la relación” que claramente queda reflejada en las fotos que Mazzorotolo supo registrar.

Infobae

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