A los 82 años, el dueño del tambor más emblemático del país, vive su 13º Mundial de una manera poco feliz. Cuando llegó no tenía dónde dormir y sufrió un desafortunado episodio. “Dijeron que me pagó el Gobierno para venir acá. Todo mentira”

Carlos Pascual, conocido como Tula, dueño del bombo icónico que acompaña a la Selección Argentina en los mundiales, atraviesa horas de angustia luego de perder el palo de su bombo y su celular durante un viaje en auto.

El hombre de 82 años viajó a Qatar el 18 de noviembre para vivir su 13º Mundial de manera ininterrumpida. Hospedado junto a su amigo “El Ruso” en el complejo Barwa, contó la situación que ocurrió hace cinco días y que lo mantiene inquieto.

“No tenía dónde dormir y él (Jorge, un amigo) me llamó para ir a su casa. A mí y al Ruso nos invitó. Dormimos ahí y después nos tomamos un Uber para irnos al Barwa. Ahí desapareció mi palo del bombo y el celular”, indicó.

Sentado en una silla de ruedas, Tula viajó desde Buenos Aires a Roma y desde allí se trasladó a Doha para asentarse en la ciudad y vivir un nuevo Mundial. “Fui el primer bombo en una Copa del Mundo, en Alemania 1974. Después, a los cuatro años, todo el mundo usaba bombo”, indicó.

Peronista desde siempre, mostró a la salida de Argentina-Polonia el bombo que lleva a todos los lugares y que fue obsequiado en España por Juan Domingo Perón.

Tula reveló que lo que más lo angustia es la pérdida de su teléfono, necesario para comunicarse con su hija y sus nietos. “Eso es terrible, no sé nada. Le avisaron a la Policía, a Uber, a la FIFA. Nadie me da una respuesta”, comentó.

“Los conductores que manejan ese auto dijeron que no vieron nada, que no encontraron ninguna bolsa. La misma contenía el palo, el celular y el cargador. Uno de los conductores sostuvo que pudo haber sido otro pasajero, que tomó el auto después de nosotros, el que se llevó la bolsa”, explicó a TN su amigo el Ruso.

“Dijeron que me pagó el Gobierno para venir acá. Después la AFA. Todo mentira, a mí me ayudó la gente”, explicó Tula, que una hora después de finalizado el encuentro se quedó sentado debajo de un gazebo, a la espera de que le acercaran una silla de ruedas para salir del estadio.

“Me dijeron que contara lo que me pasó, pero no le quise decir a nadie. No tenía el palo para tocar el bombo, le estaba dando con el bastón que uso para caminar. Ahora me prestaron uno hasta ver si aparece el mío”, completó Tula.

tn.com.ar

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