Jesús Romero, nació en Abra Pampa, en la provincia de Jujuy, a los 9 años se fue de su casa, se subió a un tren soñando con ser boxeador, llegó a Buenos Aires y tomó un colectivo cualquiera, en la última parada se bajó y allí se quedó a vivir, en el Bajo Flores frente a la villa 1 11 14
La pasó mal, vivió en la calle, lo ayudaban los vecinos y la policía que le permitió bañarse, comer y hasta lo llevaban a entrenar boxeo “Los policías me criaron. Me dejaban dormir y bañarme en el destacamento, me daban de comer y me llevaban a entrenar. Todos los días me hacían dar vueltas al Parque Chacabuco, mientras ellos andaban con la patrulla por al lado. Me acuerdo que no me dejaban salir del cuartel solo. No querían que trabajara ni que me metiera en cosas raras. Solo me dejaban salir para ir al gimnasio y a entrenar. Ellos juntaban dinero para mí. Hacían colectas a fin de mes y muchas veces terminaban con menos dinero que yo”. contaba Jesús en una entrevista.
En el año 1976 tuvo su primer pelea profesional y fue el inicio de una carrera exitosa, llegó a ser campeón argentino y sudamericano en la categoría liviano, y tercero en el ranking mundial.
Actualmente tiene 64 años, junto a su esposa abrió hace cinco años un comedor al que luego le agregó un hogar y un gimnasio donde enseña boxeo y alberga a muchos chicos de la calle.
Esta mañana fue entrevistado por FM Diferente donde, entre otras cosas, decia:
“Estoy terminando de dar a comer a los chicos que viven día y noche en la calle y también estoy atento en el gimnasio porque tengo 22 chicos entrenando en estos momentos y la verdad es que estoy contento y feliz, es una alegría para mí esta mañana estar hablando con la radio de Baradero porque yo en una oportunidad estuve por allá cuando pelee con Lorenzo García». «Yo sé lo que es vivir en la calle, a los nueve años llegue a Buenos Aires con un par de guantes, un par de zapatillas amando el boxeo y lo único que sé hacer es trabajar y ahora aprendí a enseñar y a tratar de contagiar esta maravilla que es el deporte del boxeo y tratar de buscar un refugio hacia los chicos, darle cariño, darle calor a gente que realmente necesita».
Su pelea más dura y su mayor triunfo es poder sacar a los pibes de la calle. «De los treinta y tres chicos que tengo y sostengo, cuatro o cinco fueron casos muy fuertes, un chico que lo tengo ahora en estos momentos para debutar como boxeador- que me enorgullece que se haya metido y empapado en esto-, ha dejado de fumar, prácticamente ha dejado todo, vivía en la calle, descalzo, una mañana a las cuatro y media de la mañana lo encontré descalzo y le dije que haces así, me contesto que le habían sacado las zapatillas y le digo ¿adónde vas? y lo empecé hablar y me saque las zapatillas y se las di y así lo empecé hablar, veni mañana, pasa a comer y le daba de comer porque yo me levanto a las tres o cuatro de la mañana para cocinar para doscientos ochenta chicos que mi señora da de comer en el comedor y luego ella coopera con un hogar boxeo que tengo con un número aproximado de 200 y pico de chicos».
Hace pocos días, luego de la pelea de Mayweather – Pacquiao, la Organización Mundial de Boxeo, eligió 20 gimnasios en el mundo a los que les donaron distintos elementos para la práctica del box, uno de ellos fue el de él, «Me llega una donación a través de gente que reconoce un poco el trabajo que estamos haciendo, se eligen 20 gimnasios alrededor del mundo que se va a donar por una parte de la bolsa de la pelea de Floyd Mayweather con Manny Pacquiao y dentro de esos 20 fui elegido número uno, al primer gimnasio que ayudan acá en la Argentina fue a Jesús Romero a lo cual yo estoy muy orgulloso de que el mundo le abrió el corazón a los chicos. También tengo una promesa de un gran amigo que ha viajado por el mundo que me dijo que lo vaya a ver que me va arreglar un poco el hogar boxeo, me va a dar unas camas, me va arreglar los baños.
El hogar boxeo es donde tengo los chicos que son sobresalientes para el deporte que entreno y que no tienen posibilidades porque están en la calle, ahí lo tuve al campeón Argentino, pero como yo le dije al campeón Argentino si algún día te queres ir andate tranquilo con quien pueda ampliar tu carrera, a mi me interesan más los chicos de la calle, los chicos que están ahí, estos chicos que están enfermos, la gente que realmente necesita».
Y afirma este concepto al contarnos con orgullo que una discípula fue tapa de una revista extranjera: «Hace poco me mandaron una revista de Finlandia porque en la tapa esta una chica que empezó conmigo de chiquita y ahora boxea profesionalmente, se llama Celeste».
Jesús es un hombre que convive con lo peor de la miseria pero que no pierde las esperanzas, que alcanzó la gloria pero regaló sus cinturones de campeón para incentivar a los chicos, que se levanta cada madrugada pensando en el otro, que enseña un deporte, pero fundamentalmente valores. Esos valores que aprendió de quienes lo ayudaron y hoy los comparte con sus alumnos.
Jesús Romero enseña boxeo en la villa, ese es su ring, la droga y la delincuencia son sus poderosos rivales, el los enfrenta todos los días y muchas veces les gana.




















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