(No creo en las brujas, pero que las hay, las hay…)
A principio del siglo XXI preguntarle a una persona adulta ¿crees en los aparecidos? parecería una interrogante trivial y extemporánea que solamente pudiera ser relegada a la imaginación de mentes débiles y perturbadas, pero si a el caso vamos algunos de nosotros hemos oído relatos de difuntos que deambulan, bien por parte de nuestros familiares, amigos o a través de los medios de comunicación que nos hacen crispar los pelos e inclusive estas personas aseguran haber visto imágenes de personas que ya han muerto; quien no ha vivido la experiencia de ver un difunto paseándose por la tierra, la respuesta a la pregunta seria, ¡no creo en los aparecidos !.
Alguien contó alguna vez que en su pueblo natal después de la media noche, en una calle camino a su casa aparecía una dama ya fallecida; en otra ocasión bien entrada la noche dicen que vio a través del retrovisor de su auto un hombre acostado en la calzada de más o menos tres metros de altura y con un gran sombrero, por lo cual ¡él debía creer en los aparecidos!. Bueno, creer o no creer haya cada quien con sus pensamientos.
La creencia en los aparecidos, larvas, espíritus, sombras, ánimas, espantos, fantasmas, ectoplasmas, espectros, muertos inquietantes y almas en pena es antiquísima, en la literatura griega y romana se hace referencia a este fenómeno “…Sófocles describe el encuentro de Clitemnestra con su difunto esposo…Homero narra el de Penélope con su difunta hermana… Filostrato nos muestra a Aquiles abandonando su tumba para regresar a ella cuando canta el gallo…” Si hablamos de espantos tenemos que necesariamente mencionar los ritos funerarios que se practicaban en la antigüedad para que el difunto descansara en paz y no regresara del más allá a perturbar a los vivos.
La gran mayoría de los ritos y creencias “post mortem” en Europa Occidental durante la edad media fueron legados por los romanos con algunas influencias de los pueblos germanos, entre los cuales podemos mencionar los siguientes: los insepultos(sin sepultura) los muertos prematuros, los que morían sin los sacramentos o sin estar arrepentidos, además aquellas personas que perecían por muerte violenta (asesinados, ajusticiados, suicidios, ahogados en las aguas) eran considerados potenciales aparecidos, se excluían los soldados muertos en combate, los “insepulti” o los no llorados formaban el grueso de la tropa de los aparecidos. “En todos los pueblos indoeuropeos se encuentran estas creencias: una muerte anormal acarrea inevitablemente el vagabundeo y las apariciones”.
Al morir una persona su alma no abandonaba de inmediato el cuerpo que habitaba, debían practicársele algunos ritos , el sacrificio del noveno día (novemdiale) junto a la tumba para que el difunto quedara satisfecho y no volviera; cuando el muerto era llevado a inhumar no era sacado por la puerta, sino se abría un hueco en la pared, luego se tapaba para que no regresara por el mismo camino; después que el cuerpo abandonaba la casa había que quemar el lecho del difunto y lavar su ropa.
Los romanos edificaban cenotafios (monumentos fúnebres en donde no se guarda el cadáver del personaje a quien se dedica) para que los insepultos pudieran reposar; el padre de familia a mitad del invierno cerca del día de los difuntos golpeaba un recipiente de bronce recitando algunas fórmulas de encantamiento para alejar a los aparecidos “…Los amuletos, fórmulas de encantamientos o exorcismos grabados en madera o plomo, hueso o piedra, o bien trazados en pergamino… protegen de aparecidos…” el jaspe, el diamante, el coral protegen de los fantasmas, sombras y visiones.
Por otro lado los germanos inhumaban a sus deudos atados con las rodillas y los brazos apretados contra el pecho, en sus tumbas colocaban montones de piedras porque de esta forma no podían salir, una persona que en vida codiciaba muchas riquezas se le ponía debajo de la lengua una moneda; a un niño no bautizado se le enterraba una estaca, si moría una mujer embarazada también se le atravesaba una estaca para fijarla a la tierra y de esta manera no pudiera salirse; el difunto que dejaba dinero enterrado también pasaba a ser un alma en pena hasta que alguien sacara el entierro; cuando una tumba era profanada el difunto se convertía en un alma en pena .
La mayoría de las apariciones eran en el invierno cuando las noches son mas largas, la luz servia de arma contras fantasmas y aparecidos, estas son algunas de tantas creencias y ritos fúnebres del medioevo para ahuyentar a los aparecidos.
En nuestro país hay varios ritos fúnebres: después que el difunto es inhumado se le reza durante nueve noches, la ultima noche se quita el altar que se hace en la casa, se acostumbra a rezar cada mes hasta que cumpla un año (cabo de año); se celebran misas por el eterno descanso, cuando una persona muere de forma violenta en el sitio del suceso se le edifica una pequeña capilla donde se acostumbra colocar piedrecillas y encender una vela o se le pone una cruz. Existen muchas leyendas de aparecidos en el cielo de las creencias y es un estado de ánimo común entre la gente no sólo de hábitad rural sino que es aceptada en las ciudades más desarrolladas del mundo.
“…El hombre medieval tuvo ciertamente conciente de que la muerte era un paso, un tránsito, y de que era deber de los vivos ayudar a los difuntos a alcanzar el mas allá…” (Claude Lecouteux).
Publicado por Folkloreadas











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