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La misteriosa clínica E. T. La historia de un falso médico nacido en Baradero

La misteriosa clínica E. T. La historia de un falso médico nacido en Baradero

La misteriosa clínica E. T. La historia de un falso médico nacido en Baradero

01/02/2016

Categoría: Interés general, xHoy1

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Días pasados el periódico “El Ciudadano” de la ciudad de Cañuelas en la provincia de Buenos Aires publicó una historia real titulada “La misteriosa clínica E. T.” ocurrida en la década de los 70 y tiene como protagonista a un baraderense de apellido Jerez, seguramente al leer la nota muchos lectores y vecinos de esta ciudad lo recordarán en esta y otras andanzas.

Dice la crónica:

Entre 1973 y 1976 funcionó en Cañuelas un “centro científico” donde se curaba enfermedades terminales con “tecnología extraterrestre”. Fue clausurado en los albores de la dictadura militar y su director, un falso médico nacido en Baradero, terminó preso.

En los convulsionados años ´70 Cañuelas cobró relevancia en el mundo de la ufología gracias a una extraña clínica donde se prometía curar el cáncer y otras enfermedades terminales mediante la aplicación de tecnología extraterrestre procedente de Ummo, un supuesto planeta de avanzada civilización cuyos habitantes habían llegado a la tierra en el siglo pasado camuflándose entre los seres humanos.

El personaje que dirigió esta «Planta de Investigación Científica Argentina Internacional de Neurología» –popularizada como “Clínica de Cañuelas” – era Carlos Eduardo Jerez, un técnico en radio y televisión nacido en Baradero en 1939. Se decía continuador de un proyecto científico integral iniciado en Francia en 1901 por su abuelo materno, Gaspar Asprella, que emigró a nuestro país en 1927. También decía que era la “conexión argentina” de los ummitas, un fenómeno ovni que gozó de cierta popularidad en Francia y España en los años ´60.

Jerez comenzó a manejar la planta en 1955 y tras circular por distintas localidades del gran Buenos Aires, en 1973 se instaló en un campo del km. 77 de la Ruta 3, cerca de la Escuela 8 de La Noria.

En un páramo aislado, sin energía eléctrica ni teléfono, Jerez construyó un edificio de 300 m2 equipada con “sofisticados” equipos electrónicos de “rayos gamma” que rodeaban los tejidos enfermos mediante “campos de calor”. Las consolas poseían infinidad de luces de colores que tenían sólo un efecto decorativo, destinadas a impresionar a los desahuciados que llegaban en busca de alivio.

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Para reforzar el aura mística de su emprendimiento, Jérez mandó a construir un artefacto de casi 4 metros de altura que emplazó frente a la clínica, visible desde la ruta: era la réplica de un platillo volador, de aluminio bruñido con ventanas de acrílico azul, suspendido sobre tres patas. En la base había un monolito con el símbolo del planeta Ummo. Los papeles que utilizaba Jerez llevaban el logotipo ummita y el escudo argentino, dando la impresión de que su trabajo tenía apoyo oficial. Muchos de estos datos salieron a la luz en 1991 gracias al libro “Revelations : Alien Contact and Human Deception” del investigador Jaques Vallée.

Atraídos por el “boca en boca” y ante las noticias que publicaban diarios y revistas de Buenos Aires, todos los días arribaban personas aquejadas por graves enfermedades neurológicas, oncológicas o cardíacas. Si bien Jerez no era médico, contaba con la colaboración de dos profesionales que se ocupaban de atender a los pacientes: el Dr. Analberto Alcaraz, nacido en Asunción y radicado en Argentina en 1969; y el homeópata y radiestesista Eduardo Salatino, fallecido en 1996.

Alcaraz llegó por primera vez a la Clínica en 1974, luego de leer un aviso clasificado publicado en el diario Clarín. Tenía 26 años, acababa de recibirse en la UBA y necesitaba adquirir experiencia. Una joven con acento español lo hizo esperar en la recepción de una sala cuyas paredes estaban revestidas por fotos de platillos voladores. En la entrevista con el Director, Alcaraz le preguntó qué tipo de aparatos utilizaba, a lo que respondió, enigmático: «Son de afuera. No son de acá”. Y ante la mirada atónita del joven galeno, bebió un vaso de agua con azufre. Diez meses más tarde le mandó un telegrama ofreciéndole empleo.

El Ciudadano ubicó a Alcaraz en su consultorio de Villa Luro. Especializado Inmunología, Oncología y Administración Sanitaria, también tuvo un fugaz paso por la política: en 2011 fue candidato a intendente por la Coalición Cívica en el partido de San Martín.

-¿Qué tipos de tratamientos se realizaba en la Clínica de Cañuelas?

-En principio yo no conocía cuál era el tratamiento que se utilizaba para enfrentar las enfermedades, pero luego fui entendiendo que se trataba de una terapia biofísica basada en campos escalares (onda Gamma de los rusos) .

-En su libro “Revelaciones”, Jaques Vallée relata que Jérez decía emplear tecnología Ummita o de origen extraterrestre. ¿Qué manifestaba él al respecto?

-El Sr. Jerez decía que la tecnología era rusa pero de origen extraterrestre. Nunca me habló de “Ummitas”, pero está claro que el símbolo de la planta era Ummita. Cuando investigué las teorías bio-cibernéticas de los imformes Ummitas al que accedí gracias a un investigador OVNI (Adalberto Ujvari, hoy en Austria), se lo comenté al Sr. Jerez. No se sorprendió y me felicitó por haber encontrado cuál era el fundamento de la terapia que realizaba.

-¿Cómo reaccionaban los pacientes al tratamiento?

-Pude ver casos de mejorías notables en personas con deterioros neuro motrices y tumorales. No puedo hablar de curaciones ya que la Planta fue clausurada al año que yo ingresé. También he visto fracasos en iguales casos, que ya habían sido diagnosticados como irreversibles.

-Se dice que llegaba gente de todo el país en busca de ayuda…

-No tengo la dimensión de eso, yo sólo estaba involucrado en la tares de control médico de la evolución y reacción biológica de los pacientes al tratamiento realizado. Pero estaba al tanto que todo paciente llegaba con una carta de recomendación de algún funcionario de alto rango político o militar.

-¿Cómo describiría a Jerez? ¿Era un farsante, un excéntrico o simplemente una persona interesada en terapias alternativas?

-No era un farsante, era de una personalidad extrovertida, de buena voluntad y conocedor, que manejaba una terapia inocua y muy efectiva para muchos desarreglos bioenergéticos transformados en enfermedades muchas veces etiquetadas como “incurables” por la medicina clásica.

-¿Esta experiencia lo marcó a usted de alguna manera en lo profesional?

– Sí, por supuesto, he estado investigando y buscando esa tecnología desde aquella época.

-¿Qué recuerda sobre el momento del cierre?

-Hubo inspecciones, no sé si municipales o nacionales, hasta que la Dictadura (a través de Ramón Camps, Jefe de Policía de Buenos Aires en esa época) detuvo a Jérez y lo hizo desaparecer temporalmente. Gracias a las conexiones que había tejido con altos rangos militares a través de los pacientes, logró que se lo liberaran tras un mes de la famosa calesita policial de traslados permanentes en destacamentos policiales. Para su liberación le prohibieron seguir con su actividad en el país y lo obligaron a cambiar de lugar de residencia.

Desde un principio Jerez intentó vincularse con la comunidad de Cañuelas. Tanto es así que al inicio de su proyecto brindó una conferencia en el Club Estudiantes, a la que concurrió el intendente Carlos Durante. Ante un sorprendido auditorio no dudó en afirmar que su staff provenía de Ganimedes (un satélite de Júpiter) y que curaba mediante radiación traída de otros planetas. Casi todos advirtieron rápidamente la farsa, pero no faltaron vecinos que creyeron en Jerez y concurrieron a la planta de Ruta 3 para someterse a su terapia.

Preocupado por el alboroto generado en la zona, los directivos del Círculo Médico Somaiel Harón y Pedro Elorga lo denunciaron ante la Federación Provincial por ejercicio ilegal de la medicina; y en un reportaje concedido a la revista 7 Días no dudaron en calificarlo como “un charlatán”.

Jerez decía poseer una habilitación otorgada por Juan Carlos Onganía en 1966, pero de todos modos la planta fue clausurada entre abril y mayo de 1976 por el Ministerio de Bienestar Social. En ese momento había unos 200 pacientes bajo tratamiento.

El extraño personaje reapareció en Baradero en los años ´80, dirigiendo una planta de fabricación de papel higiénico. Posteriormente habría retomado su actividad pseudocientífica. Algunos registros afirman que fue detenido en 1995 por “doble homicidio” y “ejercicio ilegal de la medicina”. La denuncia habría sido formulada por los familiares de dos ancianas enfermas de cáncer que depositaron sus esperanzas en la lejana medicina ummita.

En el campo del kilómetro 77, habitado en los últimos años por Neófito Ibarra, sólo sobrevive la edificación principal, pero no quedan rastros del llamativo platillo volador, también desaparecido en los oscuros tiempos de la dictadura.

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“MI MADRE DEBE MORIR»

En un artículo sobre el cierre de la Clínica de Cañuelas, publicado en el diario La Razón el 25 de mayo de 1976, se reproduce la carta de familiares de una paciente preocupados por la suspensión del tratamiento iniciado unas semanas antes.

Jorge José Martínez relató que su madre, Lola Casal de Martínez, de 56 años, había sido operada el 10 de abril de 1976 en el Hospital Alemán. Los médicos constataron un tumor canceroso muy avanzado, por lo que no fue extirpada la zona afectada. El 16 de abril se le suprimió todo alimento y medicamento por boca y la enferma quedó prácticamente desahuciada.

Martínez relató que posteriormente llevó a su madre a la clínica de Cañuelas, donde fue atendida por el Sr. Carlos Jerez y el Dr. Salatino.

“Allí, con métodos electrónicos y sin tocarla, lograron mejorarla a tal punto que comenzó a comer y luego a caminar, subiendo y bajando escaleras. De pronto clausuran la planta y mi madre debe morir porque no hay otro lugar donde se haga ese tratamiento”.

El Diario de Baradero

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