El grupo Titiribióticos desarrolla una actividad artística como animadores en las salas de internación pediátrica de los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires. Entre ellos, están incluidos los dos de Florencio Varela: en la sala de pediatría del Hospital Mi Pueblo y en el cuarto del nosocomio de alta complejidad El Cruce, este grupo de titiriteros hace reír a los chicos que se encuentran recuperándose.
El grupo fue fundado por Omar Alvarez, quien lo dirige y conduce junto a Vanina Grossi y Roxana Bernaulde. Los integrantes son: Azul Maluendez, Karina Gozzi, Martín López Reynal, Teresa Orelle, Liliana Rossi, Ana Clara del Moral, Gastón Guerra, Eduardo Páez Duarte, Gladys Garnica, José Luis Gallego y Mariana Ramos, con supervisión psicológica de Giselle Pecoitz.
“El ideal es la enseñanza y uno de los elementos esenciales parte de romper el blanco del hospital; nuestro vestuario es un delantal de color y trabajamos con colores, transformando materiales como jeringas, tapas y frascos y con ello buscamos en principio un goce estético, desde lo más simple y desde los elementos de su entorno», comentó Alvarez. Además agregó que en estos años, fueron descubriendo que los trabajadores de la salud entendieron que esta tarea es una herramienta más que les da el sistema.”No es sólo un entretenimiento sino una ayuda para los chicos y para las personas que trabajan en los hospitales».
En la actualidad, el grupo extiende su actividad a los hospitales Bocalandro, de Loma Hermosa, Castex, de San Martín, El Cruce y Hospital Mi Pueblo, de Florencio Varela, Ramón Carrillo, de Caseros, Belgrano, de Villa Zagala, Cordero, de San Fernando, Hospital de Niños de La Plata y San Roque de Gonnet.
Quienes forman parte de este equipo debieron formase durante cinco meses: tres de ellos correspondientes a la capacitación, donde exploraban el material hospitalario y creaban su propio espectáculo y dos meses de entrenamiento en los hospitales. Cada uno de ellos lleva su magia en una pequeña valija, de la que salen innumerables personajes y paisajes fantásticos.
Hace unos cuatro años a Roxana Bernaulde (38 años), le descubrieron un tumor maligno en el mediastino y debió pasar por un agresivo tratamiento de quimioterapia y por un autotransplante de médula. «Cuando me diagnosticaron mi enfermedad, la que me acompañó a mi primera quimio fue Vanina. Ese día yo tenía que estar 7 horas ahí y a ella se le ocurrió llevar la computadora y varias películas, entre ellas, una del hijo de Chaplin. Y me di cuenta de que de esa manera se me estaba pasando más rápido el tiempo y todo lo que estaba sintiendo en el cuerpo, que me daba malestar, ahora, al ver algo artístico, se aliviaba», cuenta.
Esa experiencia personal motivó a Roxana y a su amiga, Vanina Grossi, para pensar en una forma de llevar la magia de un hecho artístico a los espacios donde más la necesitan. Al mismo tiempo, por una de esas casualidades algo causales, Omar Álvarez (amigo y maestro de ambas) había sido convocado para diseñar un taller de formación de titiriteros para La Comedia de la provincia de Buenos Aires. «Vani le comenta a Omar y él se re entusiasma. Los tres pensamos en formar titiriteros para llevar el teatro a lugares poco convencionales», explica Roxana.
Los shows duran entre 10 y 15 minutos y generalmente son uno a uno (un artista, un paciente). Si bien se pude dar que un mismo niño reciba dos espectáculos, la presencia de los artistas en el hospital debe ser acotada, porque el vacío que queda una vez que se van puede resultar muy grande.
«Trabajamos mucho con las palabras que utilizamos y cómo es la despedida, para que no sea tan abrupta y para que no sientan que de repente, después de que se despliega toda esa magia, nos vamos», relataron. (InfoGEI) Ad











Comentarios de Facebook