Lita Boitano, una destacada activista de derechos humanos, falleció a los 92 años. Como presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, dedicó su vida a la búsqueda de justicia tras la desaparición de sus hijos durante la dictadura argentina. Nacida en Buenos Aires en 1931, Lita se mostró siempre simpatizante del peronismo y fue una figura emblemática en la lucha contra el régimen militar. Sus hijos, Adriana y Migue, fueron secuestrados y desaparecidos en 1976, lo que la llevó a involucrarse profundamente en el movimiento de derechos humanos.

Durante el Mundial de 1978, Boitano y su compañera Graciela Lois se arriesgaron al distribuir material de denuncia en el Estadio Monumental. Fue seleccionada por su organización para representar a los familiares de desaparecidos en la conferencia episcopal en Puebla, México, donde se quedó exiliada para evitar su captura. En Europa, especialmente en Italia, Boitano continuó su incansable labor, denunciando los crímenes de la dictadura y logrando que el Papa Juan Pablo II se pronunciara al respecto. A su regreso a Argentina en 1983, tras el fin de la dictadura, siguió activa en la lucha por la memoria y la justicia.

Lita Boitano fue una figura querida y respetada, conocida por su sonrisa constante y su firmeza en la defensa de los derechos humanos. Mantuvo una relación cercana con el Papa Francisco y, hasta sus últimos días, permaneció comprometida con su causa. Celebró sus 92 años en el club de sus amores, Boca Juniors, rodeada de amigos y compañeros de lucha. A pesar de su sufrimiento, nunca perdió la alegría ni la esperanza de justicia para sus hijos y otros desaparecidos. Falleció en el Hospital Italiano y fue recordada con cariño, pidiendo ser despedida con un buen tango, fiel a su espíritu combativo y alegre.

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