Javier Hernán García, es periodista de Crónica y propietario de la Revista Rock and Ball, para él hoy no es un día cualquiera, porque cuando tenía apenas 19 años, el 30 de diciembre de 2004 vivió el infierno.
Javier es uno de los sobrevivientes de Cromañón y al cumplirse una década de la tragedia, escribió dos artículos, uno para Crónica al cual tituló “Así salí del infierno” y cuenta por primera vez lo que vivió esa noche. Y la otra nota, publicada en Rock and Ball, mas critica, a la cual denominó “Perdón, estuve en Cromañón” .
Javier habló con BTI, donde publicamos además las notas mencionadas:
“Cuando aparece Cromañón en el tapete es un tema que siempre yo me hago cargo por una cuestión de conocimiento y por una cuestión del respeto que tengo por el tema».
¿Por qué decidiste contar lo vivido aquella trágica noche?
«El texto lo empecé como un ejercicio en el que quería ser yo, que me pareció algo necesario y que estaba bueno y me pasó que a medida que iba escribiendo me iba metiendo en esa noche y lo termine de escribir con mucho dolor de cabeza, con mucho malestar físico como que me había pasado el texto por el cuerpo y reviví esas sensaciones.
En diez años yo cambie mucho, cambie mucho todos y cada uno de los que salimos de Cromañón, porque diez años es un lapso más que suficiente para que la vida de cualquier persona de un vuelco significativo o cambie de alguna manera u otra. No es más doloroso que el año pasado, ni más doloroso que el año que vendrá, pero si es más significativo, de hecho lo estoy viendo en lo que pasa con los medios, en lo que pasa con algunos amigos míos que no hablan mucho del tema, es como que los diez años les pegan más a ellos que a nosotros».
¿Hiciste terapia después de Cromañón?
«Mi terapia es escribir, mi terapia es Rock and ball, mi terapia es Crónica, mi terapia es escribir en las redes sociales, mi terapia es ir a dar charlas en las escuelas, participar de estos actos como el de esta tarde, un poco concientizar y contar lo que me pasó y lo que nos pasó. Hay otro texto hoy en Rock and Ball que colgué recién que se llama “Perdón, estuve en Cromañón “que es un texto más crítico, un texto más acido y que es un poco un llamado de atención a todos esos que siguen pensando que Cromañón es el pibe que tiró la bengala. Para esa sociedad que no termina de ver Cromañón como una causa dolorosa y que nos pasó a todos, sino que siempre busca la manera de correr el cuerpo y decir no mira que yo no tengo nada que ver a mí no me pasó yo no fui».
¿Crees que se hizo justicia?
«Yo sostengo que en Cromañón estamos mucho más cerca de lo que es la memoria y el recuerdo, que de de la justicia. No hay manera de que haya justicia para esta tragedia, pero no porque la justicia haya actuado mal o porque Cromañón implique un montón más de presos de los que no están, sino porque es tan antinatural, tan brutal, tan irreparable lo que pasó y tan masivo que no hay manera que algún fallo judicial le pueda poner un manto de justicia, puede ser es un calmante para el dolor de algunas familias o ser un tranquilizante para ánimos caldeados, pero justicia no va a ser.
Yo creo que en Cromañón hay que ser memoria, verdad, hay que hacer una militancia para que no vuelva a ocurrir pero es tiempo de ir por más, de superarnos, es tiempo de cultivar la memoria de hacer que esto sea una causa social entera como el golpe del 76, de manera que nos conmueva a todo el mundo para que no nos vuelva a pasar».
¿Por qué crees que te salvaste?
«Yo me salve porque me tenía que salvar, porque el de arriba dijo que no era el momento, porque así como yo me salve había muchos otros que murieron estando tan cerca de la puerta, estando mucho más cómodos, estando mucho más tranquilo sabiendo cómo salir, sin embargo la puerta estaba con candado, cuanto más cerca estabas de la salida de emergencia más difícil era salir o sea, curiosamente, los que peor la llevaron fueron los que estaban cerca de la salida.”
Perdón, estuve en Cromañón
Una editorial cruda. No para los que sobrevivimos, ni para las víctimas. Para el resto de la sociedad, que todavía ve Cromañón como si se tratara de una “enfermedad” o un “bicho raro”.
Perdón? Sí, siento que tengo que pedir perdón. Perdón por haber casi perdido la vida en una vorágine de sinsentido orquestada por la negligencia estatal. Perdón por no haber sido lo suficientemente vivo, a mis 19 años, de saber que me podía morir yendo a ver un recital. Perdón porque me gustaba Callejeros. Perdón por sobrevivir, en definitiva.
¿Yo estoy loco? No, para nada. Pero lo sociedad es muy hija de puta. Es muy retorcida. Es muy mal bicho. ¿Saben cuántas veces escuché en esta década “Callefuegos”, “Callejeros asesinos” “En el baño funcionaba una guardería” “Les pasó por ‘negritos’” “Todos drogados”? Puff, perdí la cuenta. ¿Saben cuántas veces alguien que no me conoce, que no es de mi entorno, que tiene tiempo ni de juzgarme me preguntó qué había pasado? Muchas menos. Y eso que en diez años conocí mucha gente.
Es que uno tiene que terminar pidiendo perdón. Perdón por haber ido, inocentemente, a ver a la banda de rock del momento, pese a quién le pese. Eso era Callejeros. Un fenómeno sin igual. Una banda que quebraba su techo, show a show. Que estaba en la cresta de la ola. Que sonaba en el barrio, en los shows, en los boliches y hasta en los countrys. Un grupo que había traspado los estratos sociales con fiereza. Callejeros, si nada pasaba el 30 de diciembre, era una banda de estadio. Y eso le molestaba a muchos.
Yo no creí que podría pasar eso. Nunca lo pensé. Si no, no hubiera ido. O tal vez, sí. Cuando uno es adolescente no tiene plena conciencia de un montón de cosas que se revelan con una fuerza abrumadora cuando uno pisa, prácticamente, los 30. Por eso, les pido disculpas.
Porque esto es así, ¿viste? Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, eran viejas locas. Carlos Fuentealba, un piquetero. Luciano Arruga, un villero. Melina Romero, una puta. Ángeles Rawson… No, para. Ángeles era un ángel. Una pobre víctima de un hijo de mil puta como Mangieri. Claro, su origen high class, sus padres llorando en cadena nacional a la vera de un edificio en Barrio Norte no dejaban dudas. Es la misma estigmatización o prejuzgamiento, sólo que a la inversa. ¿Vieron que los crímenes se juzgan según el estrato social? O tal vez es una sensación mía, ojo.
Callejeros era de barrio. Callejeros era “rock chabón”, para los pibes. Pibes que por ahí antes de ir a ver el show, se fumaban un porrito o se tomaban una -o varias- birras. Parece que, sólo por eso, “algo habrán hecho”. Negritos, borrachos, drogadictos, villeros. En República Cromañón no murieron 194 personas, para gran parte de esta sociedad que se encuentra mucho más interesada en ver que culo se mueve en lo de Tinelli, murieron 194 negritos, borrachos, drogadictos, villeros. Gente que se la buscó, bah. ¿Por qué? “Por ir a ver esa banda de mierda”, “Por prender bengalas en un lugar cerrado”, “Por entrar dados vuelta”. Es curioso, nadie jamás antes de esas sentencias “Doña rosísticas” si quiera esgrimió una responsabilidad del Estado, o de los organismos de Control y Prevención. Nadie. Más fácil, que la culpa sea de los pibes, de las bengalas, de esa juventud perdida, borracha y drogadicta, que escuchaba a esa banda de borrachos y drogadictos. Es mucho más simple.
En definitiva, creo, duele menos. Recordar es doler. Hacerse cargo es mucho más molesto que creer que, por un momento, nos merecimos lo que nos pasó o buscamos que nos pasara eso. Es mucho más simple, mucho más sencillo. Es el “sedante” ideal para poder dormir de noche. Yo no tuve nada que ver. Yo no fui. A MI NO ME HUBIERA PASADO.
La primera medida para asegurar que Cromañón no se repita, es que tomemos conciencia que Cromañón somos todos. O pudimos haber sido todos. Entender que lo que pasó, podría haber ocurrido con un cortocircuito. O que podía pasar en las entrañas del subte, o recorriendo el Paseo Alcorta. En cualquier lado, en definitiva. En cualquier barrio. Cualquier clase social. Decir que Cromañón pasó por tratarse de una banda de “rock” y de “negritos” es canallesco. Es correr el eje. Es tirar el CEAMSE entero abajo de la alfombra. Hacerse cargo es, aún, mucho más complejo y complicado.
Por eso, en lo personal, como sobreviviente de Cromañón, les pido disculpas por haber estado ahí. Disculpas por inundar el Facebook, el Twitter y por este mismo texto, con mis sensaciones a 10 años de la tragedia. Les pido mil perdones por casi morirme sólo por ir a ver un show. Les pido perdón de rodillas, por creer que la culpabilidad o no de la banda es el eslabón más débil. Les suplico me sepan disculpas por no salir en la TV azotándome con un cinturón por escuchar esa música.
En serio, disculpas.
No es mi intención que alguno de ustedes crea, por un momento, que Cromañón no reconoce de clases sociales, de estilos de música, ni de poder adquisitivo. No quisiera incomodar con la idea que otro Cromañón podría estar gestándose ahora mismo, mientras varios de ustedes miran para otro lado. No es mi intención traer a colación el hecho que otra tragedia similar puede desencadenarse en cualquier lugar, en cualquier momento. Ahora mismo. No quiero generarles eso, no quiero que sientan que lo que pasó le pudo haber pasado a cualquiera, incluso a usted. Mire si le llegó a alterar el sueño… No es mi intención, sepan disculpar.
Revista Rock’N Ball
(Periodista, recibido en el año 2006. Amante de la música, en todas sus formas, sobre todo CD’s y vinilos. Fundamentalista de River. Ganar, gustar, golear. Vedderista de Eddie Vedder.)“
















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