Federico Jeanmaire ganó el Premio Unicaja con “Darwin o el origen de la vejez” que consta, además de dinero, de su publicación por el sello español Alianza. Por las trabas a las importaciones, los ejemplares están detenidos en la Aduana

La presentación mas rara del mundo. Ese podría ser el título. Federico Jeanmaire se ríe del otro lado del teléfono. Una presentación de libros sin libros, eso sería. El 15 de mayo está previsto que en la Feria de Buenos Aires se presente Darwin o el origen de la vejez, texto ganador del XXII Premio Unicaja de Novela “Fernando Quiñones”. En noviembre del año pasado, el jurado del galardón —compuesto por Rafael MuñozValeria CiompiJuan José TéllezLola Larumbe y Javier Vela— anunció que esta vez el ganador era un argentino: 18 mil euros y la publicación de la obra por el sello español Alianza Editorial. Los libros ya están impresos y una tanda de ejemplares ha sido enviada a la Argentina, pero aún no ingresaron. Están retenidos en la Aduana. Ahí esperan.

“Son cosas que no entendés, es todo muy raro”, dice Jeanmaire, nacido en Baradero en 1957, autor de más de una veintena de libros. Quien se encarga de traerlos es la Distribuidora Grupal. Desde la Feria, en medio de la vorágine de actividades y entrevistas laborales, Silvina Fernández conversa con Infobae Cultura. Ella forma parte de la distribuidora. “Desde febrero estamos totalmente bloqueados, si se puede utilizar la palabra para esto, con muchas restricciones. No podemos importar. El libro de Jeanmaire estuvo impreso en el mes de febrero. Estamos haciendo todas las acciones y presentaciones para lograrlo, pero no fuimos autorizados. La aprobación no llegó ni para el mes de febrero ni para el mes de marzo, y ya está terminando abril y la presentación es el 15 de mayo”, cuenta.

Desde febrero, la industria editorial argentina se pregunto por este asunto. Las distribuidoras suelen traer libros extranjeros, en general pocos, algunas decenas. Suelen ser caros pero son necesarios: de otra forma no se podrían conseguir. Todo los meses, en el sitio de AFIP, las empresas completan un formulario que se conoce como SIMI: Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones. Allí se deja constancia de qué, cuánto y cómo es lo que se quiere importar; es la forma en que se oficializan licencias y pagos al exterior. Desde febrero, una nueva disposición, una nueva normativa, complica la importación. Es lo que le pasó a la Distrbuidora Grupal pero también otras como Waldhuter. “Quisimos traerlos por distintos métodos pero estamos bloqueados”, dice Fernández.

Los nuevos parámetros que introdujo la AFIP están destinados a controlar las divisas y, ante la falta de reservas, que los dólares se queden acá. Por eso hay un ajuste en el CEF (Capacidad Económica Financiera), lo que a muchas distribuidoras le imposibilite importar. A las editoriales también les afecta en el pago de regalías y anticipos a autores extranjeros. El mes pasado, en diálogo con Infobae Cultura, el presidente de la Cámara Argentina del Libro Martín Gremmelspacher dijo: “En enero inventaron el CEF, la capacidad para enfrentar una nueva importación. La AFIP te pone un valor tan bajo que complica importaciones que son mínimas y ciertos pagos”. En esa misma ocasión, Jorge Waldhuter comentó que “ahora, según la AFIP, carecemos de la capacidad de pagar”.

“Con otras editoriales uno puede llegar a imprimirlo acá —continúa Silvina Fernández— pero en el caso de este libro, por cuestiones contractuales, no se pudo hacer. Hay un contrato directamente con España que no permitía hacerlo acá. Pero aunque hubiésemos podido hacerlo tampoco se nos facilita el pago de regalías, entonces estamos como en una encrucijada: podemos sustituir importaciones pero al hacerlo después queremos pagar una regalía y eso no es posible. No le encontramos la salida. Es una pena. Nos faltaron un montón de novedades para esta Feria, que es muy importante, porque se abre luego de dos años. Había mucha expectativa”. Y agrega, a modo de síntesis, de definición final frente a esta “encrucijada”: “No hay una mirada hacia la cultura”.

Federico Jeanmaire se enteró el viernes pasado. Acababa a de llegar de España. “Me dijeron que los libros están varados en la Aduana, que no permiten la entrada”, recuerda. Son 150 libros. Están destinados para la Feria, para la presentación del 15 de mayo. La idea era enviar otro tanda con 800 más, “una cosa bastante módica, no es una gran cantidad”, dice el autor. “Ellos creían que lo iban a poder producir acá, pero después no pudieron. Se suponía que iban a mandar una cantidad importante de libros hasta que se enteraron que no podían. Hay demasiados problemas en Argentina para que esto sea otro problema, pero lo que pienso, quizás de forma un poco egoísta, es: ¿qué le puede cambiar a la Argentina 150 libros? Hubo un Lollapalooza hace poco. Ahí tuvieron que destinar unos cuantos dólares. Qué se yo”.

Hoy empieza la Feria del Libro, luego de dos años de absoluta incertidumbre. Cuando estalló la pandemia —el verbo está gastado, pero fue así: estalló— imperó la desesperación, pero a poco a poco aparecieron soluciones provisorias. Hace un tiempo que volvieron las presentaciones presenciales de libros. Ya nadie quería mirar el mundo desde una pantalla. Es que ahora, como dijo Ezequiel Martínez, Director General de la Fundación El Libro, “muchos autores van a aprovechar este encuentro para presentar retroactivamente los libros que salieron”. ¿Qué ocurrirá, entonces, con Darwin o el origen de la vejez el 15 de mayo? “La presentación la pienso hacer igual —dice Jeanmaire—; quizás sea algo rarísimo: la presentación de un libro que nadie puede leer”.

Infobae

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