Los empresarios venden bienes de capital para pagar sueldos, otros demoran inversiones a la espera de un panorama favorable. El impacto sobre las fuentes laborales.
por Marcial Amiel – Página/12 – 19/Oct/2025
Las tasas no paran de subir para contener evitar que el precio del dólar se dispare.. Imagen: Guadalupe Lombardo
Con las tasas volando para contener el dólar y la demanda deprimida por la pérdida de poder adquisitivo del salario, los empresarios queman capital para hacer pagar sueldos y hacer frente a otros gastos corrientes. Además, reducen sus operaciones para evitar endeudarse. La tendencia traviesa sectores productivos, regiones geográficas y escalas.
A partir de la mirada de distintos empresarios Buenos Aires/12 pudo observar que el fenómeno es común a la metalurgia, la construcción, la manufactura y la agroindustria. Es decir que se trata de un fenóeno transversal a la economía argentina.
La combinación de suba de tasas de interés, que se acentuó en los últimos días, para intentar desalentar las expectativas devaluatorias, y altos encajes bancarios, hacen prácticamente imposible el acceso al financiamiento.
El fenómeno llega a las formas más habituales de hacerse de capital de trabajo, desde el redescuento de cheques al giro en descubierto y es aún más dramático para aquellos que quedaron fuera del sistema bancario.
«En diciembre de 2023, éramos 400 empresas. Hoy queda la mitad», sostiene Miguel Hale, dueño de CamiVial y titular de la Cámara Argentina de Empresas de Demoliciones y Excavaciones.
Se trata de empresas que operan tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el conurbano, pero están mayormente registradas en provincia, donde tienen sus playones y depósitos.
«En todo este período no sólo no renové ni una máquina, sino que apenas pude reparar o mantener las que tengo y ahora intento vender una para pagar los aguinaldos en diciembre», describe.
Hale cuenta que resistió con reservas propias hasta acá pero ahora prefiere consumir su propio capital ya que, con estas tasas, tomar crédito no es una opción. «Pedís veinte millones y tenés que devolver cuarenta y ocho, ¿cómo hacés? Con este nivel de tasas de interés, no quiero usar ni siquiera el descubierto de la cuenta corriente», reflexiona.
El empresario también da cuenta de un fenómeno similar a Los juegos del hambre. «Yo trabajo mucho, pero los números no rinden, el mercado está tan deprimido que lo que uno cobra no alcanza para cubrir los costos, porque en la desesperación siempre hay alguien que cotiza más bajo. La semana pasada cobré un trabajo, empecé a pagar las cuentas y tuve que poner tres millones de pesos arriba».
A Hale, su actividad también le permite tener una suerte de termómetro de la actividad constructiva, que suele ser uno de los motores económicos pero hoy se encuentra absolutamente planchada.
«En lo que va del año hice muchas demoliciones pero ninguna excavación. ¿Qué significa? Que nadie piensa en construir. La explicación es sencilla. El valor de la bolsa de cemento casi se decuplicó en dólares. El índice de la Cámara Argentina de la Construcción, que usa de referencia todo el sector, da por debajo de la inflación», describe mientras insiste con la idea que dice que «los números no cierran para nada».
Obstáculo
Las elevadas tasas de interés son lapidarias para una actividad en terapia intensiva como la construcción, pero también son un obstáculo para el desarrollo de una actividad que tiene viento a favor, como la ganadería.
Alberto Rodríguez dirige La Perla, una empresa agropecuaria de Punta Indio que produce carne, procesa granos y vende alimento animal a los productores. «Empezamos el año con tasas razonables, de veintipico, pero desde hace unos meses no paran de subir. Desapareció la tasa fija y la variable se disparó. Nuestra prioridad ahora es terminar los animales para venderlos y saldar los créditos que tomamos», cuenta.
«Si la inflación ronda el dos por ciento, como dice el índice oficial, no se explica que la tasa mensual sea de cinco puntos. Alguien está haciendo una diferencia fabulosa a costa del sector productivo», lamenta Rodríguez. «Si un plazo fijo paga cuarenta y cinco, con una inflación de veinticinco, ¿qué sentido tiene arriesgarse a producir?», se pregunta.
El panorama de la ganadería, según Rodríguez, es favorable, pero las altas tasas son un límite al crecimiento. «Tenemos un cliente que es un tambo, produce quesos de exportación, les va muy bien y nosotros les proveemos alimento para los vacunos. Por las tasas, les cuesta tomar crédito, entonces se estira la cadena de pagos», ejemplifica.
La conclusión de Rodríguez es que «todo aquello que implique procesos de transformación, que a su vez requiere capital, se ve afectado por estas tasas». «Con este panorama internacional, los productores podrían verse incentivados a terminar más rápido los animales para venderlos, pero eso implica mayor inversión», describe.
Como consecuencia, el productor afirma que termina ocurriendo exactamente lo contrario. Para no convalidar esas tasas, dice, se termina produciendo «a campo». Un proceso que tarda más, insume menos trabajadores, el camión no se mueve tanto, el tractor tampoco, se reduce el gasto en combustibles, cubiertas, repuestos. Así, dice, se ve afectado el nivel de actividad y, obviamente, tarde o temprano repercute en el empleo.
Juan Recce reabrió la ex Paquetá en 2021 bajo el nombre Bicontinentar, en el Parque Industrial de Chivilcoy, tras su cierre en 2018. Hoy, sin producción y luego de haber tenido que despedir a casi 650 personas por la avalancha importadora, busca mantener la fábrica abierta con su marca de botines de fútbol Argie, mientras se esfuerza en pagar las últimas 150 indemnizaciones en cuotas.
«Hoy las tasas bancarias por adelantos en cuenta corriente rondan 144,8 y la tasa efectiva anual está cerca del 289. Ese simple dato expone el estado real de las expectativas, la fragilidad de la cadena de pagos y la distancia entre el valor nominal del peso y su valor real frente al dólar», analiza. «En una economía paralizada, la única producción es la de la propia tasa. Nos hemos convertido, literalmente, en un país productor de tasa», afirma.
«Con el descuento de cheques la situación no es distinta: hablamos de un promedio de 210 anual, que equivale a un costo mensual cercano al 17,5. Nadie en la economía real tiene ese margen operativo. No hay empresa, comercio ni productor que pueda sostener semejante nivel de costo financiero».
«Detrás del comprá campeón del ministro Luis Caputo hay una depredación silenciosa del aparato productivo y del ecosistema social del trabajo», asegura Recce, que agrega que a esa cuenta la pagan los industriales y los comerciantes, pero también «todos aquellos que durante generaciones construyeron capital y hoy lo consumen para sostener sus unidades productivas, o liquidan equipamientos y patrimonio para afrontar indemnizaciones de cierre».










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