El joven escritor baraderense Jerónimo Moretti que presentará su primer libro “Contratiempo” el próximo jueves 21 de noviembre a las 19 hs. en la Casa Nacional del Bicentenario, fue entrevistado por Paula B. Giménez, para http://www.diarioregistrado.com.
Con enorme alegría publicamos este interesante reportaje.
«Si desgastamos las palabras, no nos queda nada»
Un libro nuevo de un nuevo escritor se asoma y promete más. «Contratiempo», la obra prima de Jerónimo Moretti, trae a la literatura argentina una pizca de imaginación llena de pequeños y agradables detalles.
El exceso de información es cada vez mayor y gracias, o por culpa, de Internet, hoy cualquiera que tenga ganas de escribir, puede publicarlo en la Web. Aún así los libros siguen siendo contundentes y el escritor Jerónimo Moretti lo tiene claro.
«Contratiempo» es su primera obra: diez historias llenas de colores, varios sueños hechos canción que, a su vez, se hicieron cuento. Ligero, suave y amable para el lector, el libro genera una adicción rápida y efectiva. Jerónimo tiene 31 años y se animó a animarse luego de un corte profundo. Como suele suceder, las bisagras generan cambios y este cambio le hizo bien.
No sólo escribe, sino que es uno de los creadores y productores del ciclo de lectura y música “Traspapelados”, en la Casa Nacional del Bicentenario, junto a Ariel Pichersky, otra promesa de la literatura contemporánea, autor de «El corto verano de los hombres» y del prólogo de “Contratiempo”, (editorial Milena Caserola).
El 21 de noviembre, Moretti presentará, a las 19 horas y en la Casa Nacional del Bicentenario, este libro que, con paciencia y calidad, deja un gusto dulce en los ojos y una nostalgia propia de Buenos Aires.
— ¿Cómo es el ambiente under de la literatura?
— Es una movida re movida. El año pasado estuve bastante en varios circuitos under: se lee mucha literatura. Una cosa es ser actor y otra muy distinta ser escritor. Si bien los textos te llevan a que la lectura al público, por ejemplo, sea llevadera, es complejo, porque para que un texto funcione tiene que sonar bien, como una canción. Creo que el texto funciona cuando lo lees en voz alta. El mejor lector de sus textos es Cortázar, porque sus textos son rítmicos; al chabón le gustaba mucho la música y jazz y eso se nota. El mundo under es abierto y libre, todos te aplauden cuando terminás y no importa si lo que lees es una mierda, lo que importa es que lo escribiste y lo leíste. El lado negativo de ese mundo es, tal vez, que es todo lo mismo: el under no tiene criterio.
— ¿Qué crees que le falta a la literatura argentina?
— Estudiar, lo digo con humildad. Hay que aprender de los que saben y desaprender algunos vicios. Es como con un instrumento: podés sentarte a tocar la guitarra para un fogón, pero si querés componer, tenés que estudiar. No todos somos Messi (y hasta Messi entrena).
— ¿Desde cuándo escribís?
— Desde mis once años. Escribí una novela en un momento, y algunos cuentos, pero me faltaba trabajo. Me separé de una relación muy larga en la que tenía todo muy acomodado y cuando se terminó dije «¿ahora qué hago?» y empecé a escribir una novela policial. Termino siendo una porquería, pero la escribí y eso es lo que, en definitiva, importa. Al menos para comenzar.
— ¿Crees que una vida tranquila no es impedimento para grandes obras?
— Creo que sí. Hay gente que vivió siempre en calma y escribió cosas buenas. Igual, sé también que nadie quiere escuchar una canción o leer un cuento demasiado feliz. Eso es muy Palito Ortega. Uno se refugia en la literatura y en la música, y si estás triste por una mina, no querés escuchar sobre lo lindo que es el amor.
— ¿Cómo describirías a la gente que escribe?
— La gente que escribe es la gente que, en general, tiene—problemas para expresarse. Pero no como un defecto, ojo. Estamos en una sociedad en la que todo el tiempo hay que corregir cosas. Si es tímido lo mandan al psicólogo y, por ahí, el chico no es tímido sino que no tiene nada para decir. El escritor desconfía de las palabras. Hoy todo el mundo le dice “te amo” a cualquiera y esa frase ya no alcanza para nada, entonces tenés que escribir un poema. Es el puente, creo.
— El escritor labura con las palabras y ellas son universales. Cuando las palabras pierden su sentido, ¿qué pasa?
— Para mí, es una tortura. Clarín, los noticieros, por ejemplo, no saben poner los verbos ni los sustantivos. Desgastan las palabras y eso es peligroso porque si lo hacemos, no nos queda nada. Depende de cómo pensamos las palabras es como somos en la vida y con las ideas. Hace poco quise escribir un cuento con tono de publicidad, tiraba «chivos» en el medio del cuento. Cuando terminé de escribirlo y lo leí, era horrible; el lenguaje era tan pedorro que el cuento no funcionaba; el material era malo.
— Internet, ¿mejora o empeora el idioma?
— El mundo de internet me parece interesante. Hoy se lee muchísimo más que hace un tiempo. Hay muchos lugares para escribir, comunicar y que te lean. De hecho, conozco escritores que empezaron con un blog y la pegaron. Creo que es una herramienta, pero no es suficiente. No por tener un blog vas a tener algo bueno. Está la posibilidad de publicar, sí, pero eso no siempre sirve.
— Por último, ¿qué es escribir bien?
— Es una pregunta que me hago bastante. Escribir es una cuestión de poder, porque siempre hay alguien que te dice que así se escribe bien y así mal. La clave, por lo menos en ficción, es poder transmitir las sensaciones de la manera más contundente posible. Laburo mucho la fuerza de los textos. En definitiva, lo que diferencia un poco la escritura de blog, twitter o facebook es la contundencia.












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