Mario Soto se filmó para contar cómo un supermercado lo estafó con la compra de un teléfono que estaba vacío en su interior. Lo pagó 5.200 pesos y dice que no le reconocen el reclamo. «Me robaron y no puedo hacer nada más que difundirlo», dijo ante la cámara
«Hola, les comento a todos. Mi nombre es Mario Soto. Los que me conocen saben que yo soy una persona muy seria, que no estoy mintiendo y que no hablo boludeces». Así comienza el relato de un hombre que denunció haber sido «estafado» en un supermercado de la cadena Coto, en la ciudad de Rosario, al que concurrió para adquirir un teléfono celular por un valor de 5.200 pesos.
Factura en mano, Soto contó que una vez que llegó a su casa después de haberlo comprado, intentó colocarle la batería y descubrió que era imposible abrir el aparato, por lo que decidió presentarse en la sucursal de Tres de Febrero y Presidente Roca, donde lo había adquirido, para hacer el reclamo correspondiente.
Allí, el vendedor y la encargada del sector de electrónica no encontraron otra forma de abrir el aparato que destruyéndolo, y fue entonces que descubrieron que el celular era «de exhibición», es decir, sólo una carcasa de plástico que no tiene otra utilidad que la que cumplía en la vidriera.
«Es de juguete, es un celular de exhibición, no es un celular verdadero», relata indignado el hombre en el video que subió a Youtube. Y explica que se suelen utilizar para no arriesgar un equipo verdadero a posibles robos.
Soto se filmó desde su casa con la intención de dar a conocer su situación, ya que en la sucursal no le reconocieron el reclamo y le dijeron que el celular «de juguete» lo llevó él con la intención de engañar a los vendedores de Coto y hacerse con un equipo por demás costoso. «Me robaron y no puedo hacer nada más que difundirlo», cuenta el hombre.
En la segunda parte de la filmación, el cliente comenta que hizo la denuncia en Defensa al Consumidor y envió una carta con copia al supermercado para que la firmen y adjuntarla a la denuncia, tal como le pidieron en el ente gubernamental. Sin embargo, explica que se la recibieron pero no se la quisieron firmar. Ni siquiera el gerente.
«¿Para qué carajo está el gerente?», se pregunta ya ofuscado el rosarino ante la cámara. «¿Qué me ven, la cara de boludo?»
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Infobae











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