El siguiente articulo fue publicada por el Diario La Nación en el año 1998, el Sábado 31 de octubre, la periodista Marta García Terán viajó especialmente a nuestra ciudad para realizar la investigación.
Han pasado muchos años, cambiaron algunos nombre y el basural sigue creciendo en el mismo lugar y en peor estado que en aquel momento.
Los residuos se acumulan a metros del río y no reciben ningún tratamiento
BARADERO.- A tan sólo tres kilómetros de esta ciudad, en el kilómetro 147 de la ruta 9 y a metros del río Arrecifes, un inmenso basural se alza a cielo abierto, emana desagradables olores y produce una flagrante contaminación que preocupa cada vez más a sus habitantes.
Se trata del basurero municipal de Baradero que, por ahora, ocupa tres hectáreas de la parte alta de un bañado, tres metros y medio por sobre la capa freática del río subterráneo Puelche y al lado del Arrecifes, que desemboca en el río Baradero y de cuya agua utiliza el partido de 30.000 habitantes.
Para regodeo de moscas, jejenes, perros viejos y cirujas, el basural crece a un ritmo de 10 toneladas diarias y sus desechos no reciben ningún tipo de tratamiento. Aunque una ordenanza municipal disponga lo contrario, allí se acumulan en forma desaprensiva residuos domiciliarios, patogénicos, industriales y hasta pollos muertos.
El intendente justicialista Pedro Alberto Carossi dice que eso no es posible, que echó a los pordioseros e instaló una garita y una guardia permanente. Pero la casilla y los carteles de «zona custodiada por policías» contrastaron con la ausencia de vigilancia, al menos durante las dos horas en las que La Nación recorrió el basural.
Caso omiso de las advertencias hizo un camión de una refinería que en pocos minutos se libró de sus residuos y se marchó alegremente sin decir agua va y, más grave aún, sin que nadie se lo dijera.
«Ese basurero es un horror. Todas las fábricas tiran sus desechos ahí. Estos se queman en forma espontánea, se autocombustionan y generan humo con dioxinas, unas partículas cancerígenas.
«El lixiviado (líquido residual de la basura) es un tóxico bravísimo que penetra la tierra, llega hasta la capa freática y se escurre hasta el río Arrecifes para contaminarlo», se lamentó Cristina Bo, del Grupo Ecológico Medio Ambiente (GEMA), de Baradero, quien advierte sobre los peligros de los residuos y propone la creación de una planta para tratarlos.
«RECICLAR NO ES RENTABLE»
El controvertido basural fue a parar a las afueras de Baradero hace dos años, cuando el intendente decidió sacarlo de la ciudad y no encontró mejor lugar que a la vera de la ruta y a cielo abierto. «Es que nadie quiere la basura», fue su explicación a un tema que, advierte, lo irrita en demasía.
Así las cosas, decidió alquilar unas 26 hectáreas de campo y simplemente descargar allí los residuos. «¿Reciclar? Eso no es tan simple, hay que saber. Además, no es rentable». Tampoco le convenció la idea de considerarlo un servicio más de la comuna. «¿Un gasto? Bueno, eso puede ser cuando tenés plata, pero no es el caso».
Si bien admite que el basurero «está pésimo», siente que sus espaldas están cubiertas. «Antes de instalarlo, hicimos estudios de los pozos de agua de esa zona y ya estaban contaminados. Así que no es por el basural».
Desde que fue instalado, los seis concejales de los bloques socialista y radical piden su erradicación o el correcto tratamiento de los desechos. Pero sistemáticamente los ocho votos en contra de los concejales justicialistas, alineados con el intendente, ganan por mayoría.
«Es un desastre, unos meses atrás se inundó la zona, el río Arrecifes se desbordó y la basura flotaba por todos lados -recordó Hugo Ochoa, concejal socialista-. En mayo del año último se produjo un terrible accidente donde murieron dos personas y otros 20 resultaron heridas porque el basural comenzó a incendiarse y salió un humo terrible que impidió la visibilidad en la ruta».
Hugo Ciaponi es uno de los más afectados. Es que vive a 150 metros del basural, en un campito que heredó de sus padres con un vivero, donde el vaho es pestilente y las moscas, inquilinas permanentes.
El basural no colabora, seguro, en la atracción de clientes. Pero, ironiza, se ha constituido en un punto de referencia. «A la gente que viene le digo: ´Tiene que tomar la calle del basurero y ahí nomás está mi casa´».
Aunque se permite bromear, el asunto no le causa ninguna gracia. «Un año atrás estaba que explotaba. Me quejé muchísimas veces y no pasa nada. No quiero resignarme, tiro constantemente productos para los bichos y las moscas. El olor es insoportable y hace mal a mis frutales y a mis flores. Ya no sé qué hacer».
Un andanada de proyectos, entre tanto, se ha dado de bruces en el Concejo Deliberante local. Los ediles exigen que se respeten las ordenanzas y proponen que la basura se recicle o traslade a otro lugar donde lo hagan. Pero, hasta ahora, el jefe comunal considera que se trata de una batalla política que los socialistas y los radicales le están librando.
«Ponga ahí que el intendente está preocupado -dice Carossi utilizando la tercera persona-. No hay que olvidarse que fui yo quien lo sacó de la ciudad. Sé que se ve espantoso desde la ruta. Conseguimos una topadora y ya vamos a comprar los repuestos para usarla».
Pero los dichos de Carossi no convencen a Irma Tineo, maestra del colegio industrial de Baradero y concejal socialista. «Hace dos años que estamos presentando alternativas y haciendo denuncias en la Dirección de Medio Ambiente de la provincia y el basural sigue ahí, contaminando.»
Mientras los dimes y diretes se suceden, aquí continúan esperando que lo que hoy no es ni más ni menos que una montaña de basura se convierta en un «depositario responsable de residuos», a la luz de Cristina Bo, donde los desechos reciban un tratamiento adecuado y no pongan en peligro la salud de la población.
La Nación
Por Marta García Terán (Enviada especial)











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