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Patricio no tiene ninguna duda de que hacer un asado de almuerzo al aire libre en el mes de julio es un absurdo de dimensiones descomunales. No obstante, lo han instituido y es un rito anual porque —dicen en broma— el 4 de julio marca la apertura oficial de la Barbecue Season  [la temporada de los asados] en los Estados Unidos; lo que por otra parte ni siquiera es cierto. Patricio sabe muy bien que esa función la cumple Memorial Day, el “Día de la memoria” [a los muertos en combate], que es a fines de mayo.

Pero, che: esto es Atracadero, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. ¡Es invierno en Sudamérica! ¿No sería mucho más lógico servir ravioles y pollo asado o simplemente unos buenos bifes con puré en el comedor, como siempre? ¿No se dan cuenta estos “gringos”?, —no sin sarcasmo conversa Patricio consigo mismo entre dientes. —¡De ninguna manera! No quería tener que estar hachando leña para encender el fuego un domingo a las siete de la mañana, pero a papá sólo le gusta el asado a la leña. Me dio esta tarea y… sabés cómo es mi viejo. En realidad me lo pidió anoche, mientras estábamos vistiéndonos para salir, “Patricio, terminá de hachar esa leña para el fuego bien tempranito que quiero tener todo listo de antemano para que nada salga mal. Esto tiene que salir perfecto. ¡Dale!, ¿eh?” Yo me estaba preparando para ir a ver una película con Nora y después a «Bodega»  para tomar unos tragos, bien al ladito del cine. Anoche papá salió solo, por supuesto: los sábados son de él. Los domingos son diferentes: lleva a mi vieja al Club Social, donde se juntan a cenar en la mesa de los directivos de Frigoríficos Latinoamérica con ellos y sus mujeres —y con algunos chacareros ‘importantes’. A veces también están el Intendente y el Comisario, ese nuevo que envió la Junta Militar.

Patricio continúa levantando el hacha sobre la cabeza, bien alto. Entonces la deja caer con toda su fuerza sobre uno de los varios troncos que trajo del stock que el padre guarda en el gran garaje. Se detiene de vez en cuando, hace un cuenco con las manos y le sopla aliento caliente, tratando de recuperar la sensibilidad. Tiene ambos brazos adormecidos desde los codos hasta las puntas de los dedos. Estima que la temperatura debe estar en los grados bajo cero y el hacha quedó olvidada a la intemperie durante toda la noche. El mango de madera está congelado. Un asado en julio, ¡totalmente ridículo!

Lo que en realidad desea Patricio es estar durmiendo. Su equipo de fútbol juega mañana a la tarde contra el de la destilería de San Pablo, el pueblo vecino, donde fabrican el Party, ese whisky bourbon de maíz que todo el mundo toma en Bodega. Hay que ganar el partido de cualquier manera, recuperar los puntos perdidos la semana pasada.

Patricio se acostó tardísimo: al fin de la noche anterior había pasado más de una hora estacionado casi en la Panamericana, en un camino de tierra a unas dos cuadras de la ruta 14, con  todas las  luces apagadas —y Nora, claro. Pero su padre es inflexible con respecto a todo lo que esté relacionado a la realización del tradicional asado. Todo “tiene que salir perfecto”.

La familia de Patricio habita dentro del barrio cerrado de viviendas ejecutivas de Frigoríficos Latinoamérica, y cada familia hará hoy su parrillada. Este almuerzo ha cobrado tamaña importancia para el padre de Patricio, Víctor Palmeiras, porque como Director de Seguridad de esa industria, tiene su casa en la villa de los directivos —y la suya es la única familia no norteamericana del complejo. Patricio sabe muy bien cuánto su padre lamenta y resiente esta diferencia. Víctor Palmeiras trata de compensar su condición de extranjero imitando la cultura y el comportamiento de los vecinos, “The American Way”[1], comiendo platos norteamericanos y celebrando los feriados norteamericanos.

Patricio ha tenido clases de inglés desde el jardín de infantes y ese idioma hace parte integral de su vida. Una vez que uno transpone los portones automáticos de acceso a la villa privada del frigorífico, la lengua que se habla en las residencias y en las áreas verdes del complejo es la de Estados Unidos. Claro que Patricio no precisa hablar inglés dentro de casa, pues la suya es una familia argentina: Magdalena, su madre, lucha con tenacidad —y no sin dificultad— para dominar el inglés y, en verdad, el de Víctor Palmeiras no es muy sofisticado que se diga.

Víctor Palmeiras ingresó a «Frigoríficos» después de haber sido obligado a aceptar una «baja honorable” de las Fuerzas Especiales del Ejército por causas nunca divulgadas. Su descargo ocurrió con sólo diez años de ejercicio, a pesar de haber egresado con honores del Colegio Militar de la Nación con el grado de teniente de infantería.

Durante el proceso de ingreso a la empresa, de entre las docenas de postulantes cuyos únicos títulos provenían escuelas secundarias de la provincia, el curriculum vitae de Víctor Palmeiras lo había hecho de inmediato un favorito ante el panel de admisiones del frigorífico,  Con su grado militar, un tipo como él, que habla y se mueve con la marcialidad de un férreo guerrero, puede hacer una excelente carrera en la División de Seguridad, justo como la que ha hecho. “He talks the talk, and he also seems to walk the walk[2], muy bien impresionado había comentado después de la entrevista el jefe del panel.

Víctor Palmeiras en poco tiempo escaló posiciones hasta llegar a Director General de la División de Seguridad de Frigoríficos Latinoamérica.

Pero Patricio no piensa en eso; hacha leña mientras el pueblo duerme

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Continúa mañana

[1] The American Way: “el modo norteamericano”; “el estilo de vida norteamericano”; una frase hecha o cliché muy usado en EE.UU., para significar algo típico de la cultura o la sociedad de ese país.

[2] Expresión idiomática casi intraducible, pero ‘interpretable’ como “Dice las cosas apropiadas, y también parece saber actuar de la misma forma”.

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