Este 29 de julio se cumplen 11 años del suicido
de René Favaloro, el médico argentino que adquirió prestigio mundial por
revolucionar la cirugía cardiovascular. Nació en la ciudad de La Plata en 1923 y
se quitó la vida el 29 de julio del 2000 en su departamento de Barrio Parque, en
Capital Federal, a los 77 años de edad. Junto a su cuerpo sin vida, encontraron
un escrito en el cual se leía, entre otras opiniones: «Es indudable que ser
honesto en nuestra sociedad corrupta tiene un precio. A la larga o a la corta te
la hacen pagar».
El destacado médico argentino, revolucionó
el campo de la cirugía cardiovascular con sus descubrimientos que alcanzaron
prestigio internacional. En el país pudo concretar el inicio de la fundación que
lleva su nombre para fomentar la investigación y la
docencia.
Favaloro se graduó como médico en la Universidad
Nacional de La Plata y en 1950 se radicó en Jacinto Aráuz, un perdido pueblito
de La Pampa. En 1962 viajó a los Estados Unidos, a la Cleveland Clinic, para
especializarse en cirugía torácica y cardiovascular, obteniendo gran fama y
prestigio a nivel mundial. Cinco años después desarrolló -con éxito- la técnica
del by-pass aorto coronario. Entonces decidió regresar al país, en 1971, para
crear, cuatro años más tarde, la Fundación Favaloro, a la que imaginaba idéntica
a la Cleveland estadounidense.
La Fundación le permitió
formar más de 400 médicos residentes bajo su supervisión, atender más de 347.725
consultas, 273.276 estudios no invasivos, 19.262 cateterismos, 5.894
cateterisrnos terapéuticos, 470 trasplantes y 20.174
cirugías.
En 1992, The New York Times lo consideró un «héroe
mundial que cambió parte de la medicina moderna y revolucionó la medicina
cardíaca».
Desde entonces su prestigio fue en aumento. Nunca
tuvo pelos en la lengua, denunció la corrupción de la dirigencia política y
propugnó una medicina social al servicio del hombre. Le gustaba hablar sobre
casi todos los temas, con palabras sencillas pero cargadas de crudeza lógica,
que normalmente provocaban rechazo en los sectores de
poder.
Como médico lógico y cabal, no dudó en dar a conocer
nuevos conceptos, que no siempre caían bien entre sus colegas, como el hecho de
tomar con moderación un poco de vino y unos tragos de whisky, podrían prevenir
la ateroesclerosis.
Su trato con la
muerte
«Todos nos vamos a morir. No tengo miedo: me codeo con la
muerte todos los días. Mi madre murió a los 91 años, mi padre a los 86; pero eso
no quiere decir nada. Por eso cada día hay que tratar de hacer lo mejor para
uno, la familia y la sociedad. Lo que va a quedar es el recuerdo», es una de las
frases más recordadas de Favaloro.
La fuerte crisis
económica y política que vivía el país en el año 2000, sumada a la deuda de casi
75 millones de dólares de la Fundación Favaloro, hicieron que el prestigioso
médico pidiera desesperadamente ayuda.
Envió una carta al
entonces presidente Fernando de la Rúa, describió la desigual lucha que lo
enfrentaba a una espesa maraña de corrupción que involucraba a médicos,
funcionarios y dirigentes sindicales, apuntó sus duras críticas a la obra social
de los jubilados y expresó que el país necesitaba de su muerte para tomar
conciencia por la situación que atravesaba.
El hecho trágico
e inesperado produjo una gran consternación popular. A Favaloro se lo admiraba
por su pericia como uno de los mejores cardiocirujanos del mundo, pero más aún,
se lo quería por su humanidad que desbordaba más allá de su compleja y
sofisticada profesión.











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