Titulado «Escala Mínima Viable: Extinción y Escape bajo Rendimientos Crecientes», el texto provocó un debate inmediato.
por Randy Stagnaro – Diario Tiempo Argentino – 10/Jul/2026
Apareció el paper que llevaría al presidente Javier Milei a recibir el Premio Nobel tras rescribir la ciencia económica tal como la conocemos ahora, empresa en la que está acompañado por el inefable Demian Reidel.
Titulado “Escala Mínima Viable: Extinción y Escape bajo Rendimientos Crecientes” (“Minimum Viable Scale: Extinction and Escape under Increasing Returns” en el inglés original), el texto provocó un debate inmediato.
El documento tiene dos problemas: su lógica interna y -aunque parezca mentira- su autoría. El primer problema es que lo que Milei y Reidel presentan como una originalidad es, en realidad, una tautología del tipo “el frío es causado por un descenso de la temperatura”.
El centro del trabajo apunta a demostrar con fórmulas matemáticas que el capital debe ser eximido de toda regulación (“cuña” en la jerga del paper) para que las “trampas de pobreza” desaparezcan. Estas trampas, como la caída de ingresos que provoca Milei con su gobierno, serían las que perpetúan la pobreza.
Pero el problema no es que el paper choca de frente con la realidad que provoca Milei, sino que el autor y su compinche no demuestran en ninguna parte que efectivamente esas “trampas de pobreza” desaparecen. Allí radica su optimismo tautológico: en este modelo las trampas de pobreza vuelan porque se apela al sencillo expediente de omitirlas. Es decir, más allá de que es cuestionable el concepto de “trampas de pobreza”, en sus 30 páginas el paper excluye las “fricciones” que condicionan un escalamiento sostenido del capital y el trabajo y eventualmente perpetúan esas trampas.
Reidel y Milei. Sin IA no somos nada.
Milei había anticipado en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, en enero pasado, algunos de los puntos que luego formalizó con las fórmulas matemáticas en este texto.
¿Y el autor?
A la inconsistencia lógica del paper se le suma otro problema de igual calibre: la autoría. Jesús Fernández-Villaverde, profesor de la Universidad de Pensilvania, escribió en su cuenta de la red social X que, tras leerlo (“soy comprensivo con el punto que los autores intentan hacer”, ensayó en forma de excusa), pasó el texto de Milei y Reidel por el detector de IA Pangram.
“Mientras lo leía, tuve la clara sensación de que un modelo de lenguaje grande había producido el texto: el formato, el estilo, el tipo de suposiciones, la forma en que se presentaban las derivaciones, los artículos citados”, explicó.
¿El resultado? El artículo fue redactado con IA. “Así que tomé el resumen y cuatro párrafos al azar y los pasé por Pangram. En los cinco casos, devolvió una probabilidad del 100% de generación por IA”, dijo Fernández-Villaverde. Luego tomó todo el texto y Pangram le devolvió que la posibilidad de que la IA lo hubiera confeccionado se elevaba al 54%.
El debate se abrió inmediatamente, con posteos de otros economistas y cientistas tratando de entender cómo es que un economista que presume de estar cambiando la ciencia económica puede pedirle a la IA que escriba su paper fundacional.
El problema podría ser algo formal (todos los científicos usan la IA), pero es mucho más profundo. Fernández-Villaverde lo explicó así: “Claramente, los autores le dieron un prompt a un LLM con ‘dame un modelo que haga esto’, quizás reescribieron un poco la introducción, y adjuntaron sus nombres a ello sin siquiera leer el resultado con cuidado. Realmente no hay pensamiento ni ‘sensación’ económica aquí, más allá de lo que les dio la máquina”.
Tras una serie de debates con otros colegas, el economista llegó a esta conclusión: “El artículo es una mierda y los supuestos del modelo son imbéciles. Es mejor para los autores si la IA los eligió, al menos no es su culpa.”










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