En vías a una fructífera recuperación, Juan Alberto Badía habló con el periodista Alberto Lotuff en Radio 2 de Rosario y dio detalles de su mejoría. Además, confesó el don curativo que algunos le atribuyen, pero del que él no se hace cargo: “Mi tumor pasó de ser del tamaño de un sachet de leche a una pelotita de ping pong. Hay gente que me pide que toque a sus hijos para pasarles mi energía”, asumió.

No puedo tomar el papel de sanador o milagrero. No puedo estar recomendando la droga que me ayudó en mi vida, es mucha exigencia y desesperación de las personas. Solo puedo decir qué me pasó a mí. A mí me pudieron ayudar, a otra gente no; eso me genera mucha angustia. Hay gente que me pide que toque a sus hijos para darles mi energía. La desesperación es grandísima”, confesó Juan Alberto, que desde que hizo pública su lucha se volvió referente.

Por otro lado, el locutor y conductor comentó que le tiene miedo a la operación que se viene, en la que le extirparan lo que queda del tumor: “Siempre le tuve fobia al quirófano. El 12 de diciembre entro ahí, es lo mejor que me puede pasar. Todos están felices, porque sería el final de mi enfermedad. Con el tema del cigarrillo soy el ser más estúpido del mundo. Este Badía que fue capaz de aguantarse tantas cosas no es capaz de dejar el cigarrillo”.

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