La radiografía social de la Argentina de junio es desoladora: la mitad de la población se autopercibe como clase baja, nueve de cada diez ciudadanos aseguran que sus ingresos no le ganan a la inflación y el 61% de los hogares se queda sin dinero antes del día 20 de cada mes. Así lo revela el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, un estudio que confirma que el malestar económico dejó de ser una percepción difusa para convertirse en un dato estructural que atraviesa todas las capas de la sociedad, aunque con distinta intensidad según el lugar que cada uno ocupa en la pirámide social.
15 julio, 2026
La Plata (Por InfoGEI).- El informe, basado en 1.297 casos con cobertura nacional, muestra que la autopercepción de clase no es un dato subjetivo aislado. El 50,2% de los argentinos se define como clase baja, mientras que apenas el 10,5% se reconoce en la clase alta y el resto se ubica en una clase media que se encoge.
Cuando esta variable se cruza con la experiencia concreta del ingreso, el diagnóstico se vuelve sistemático: el 86,1% de los encuestados afirma que su salario no le gana a la inflación, un nivel que se mantiene estable en una franja alta desde marzo, sin señales de mejora.
Lo más revelador es que esta sensación de pérdida no es patrimonio exclusivo de la oposición: incluso entre los votantes del oficialismo, el 70,2% reconoce que su poder adquisitivo se derrite, frente al 96,6% de los opositores. La brecha no está en si el ajuste existe —lo sienten todos—, sino en cómo se interpreta: como un costo necesario para unos, como un fracaso para otros.
Pero el dato más elocuente del estudio es el calendario del bolsillo. El 61% de los argentinos llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes, y solo el 13% logra llegar a fin de mes y ahorrar. Esta realidad golpea con mucha más fuerza a los sectores más vulnerables: mientras que entre la clase alta apenas el 11,8% se queda sin dinero antes del día 20, en la clase media esa cifra trepa al 43% y en la clase baja alcanza el 86,1%, el mismo porcentaje que, a nivel país, dice perder contra la inflación.
La coincidencia no es casual: para la mitad de la Argentina que se percibe pobre, quedarse sin salario antes de fin de mes dejó de ser la excepción para convertirse en la norma mensual.
Ese mismo patrón de clase se replica cuando se mide la confianza en el INDEC. El 68,8% de los encuestados considera que el índice de inflación oficial no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria, y entre los sectores de clase baja la desconfianza es sensiblemente mayor, rozando el 84%.
«Lo peor está por venir»
Quien vive al límite del día 20 tiene menos margen para creer que los precios subieron solo lo que dice el organismo estadístico. Y esa lógica se proyecta hacia el futuro: el 55,1% cree que «lo peor está por venir» en materia económica, con el pesimismo otra vez más marcado entre los más desfavorecidos. Sin embargo, la brecha política aquí es abismal: entre los votantes de Milei, el 55,4% cree que lo peor ya pasó; entre los opositores, solo el 3,4% piensa lo mismo.
En ese contexto de ajuste generalizado, la agenda de preocupaciones también se ordena de manera particular. Cuando se pregunta, sin opciones cerradas, cuál es el principal problema del país, la palabra que más se repite es «corrupción», seguida de «Milei» y luego «economía». El diagnóstico social ya no se agota en una categoría abstracta: se personaliza tanto en una causa estructural como en una figura de gobierno concreta.
Desaprobación a la gestión de Javier Milei
Frente a este panorama, el dato político de junio llama la atención por contraste. La desaprobación a la gestión de Javier Milei, que venía en ascenso desde marzo hasta tocar un pico del 61,2% en mayo, retrocedió en junio al 56,6%, cortando la racha negativa. La aprobación, en el mismo lapso, pasó del 32,2% al 33,2%. Es un freno acotado que contrasta con la dureza del resto de los indicadores. Una lectura posible es que el malestar económico dejó de traducirse en más desaprobación porque buena parte de la sociedad ya «descontó» el ajuste como parte del paisaje: cuando el deterioro se estabiliza en un piso alto durante varios meses, deja de operar como sorpresa negativa capaz de erosionar más la imagen presidencial.
Desgaste trasversal
Sin embargo, el desgaste es un fenómeno que atraviesa a casi toda la dirigencia. De las cuatro figuras medidas, tres tienen balance neto de imagen negativo en junio —Milei (-22,4 pp), Kicillof (-13,8 pp) y Bullrich (-13,3 pp)—, y solo Myriam Bregman muestra un balance positivo (+3,8 pp). Más que una debilidad puntual del oficialismo, el dato sugiere un humor social crítico con la dirigencia política en general, donde ningún referente logra capitalizar de forma sólida el malestar económico.
Electorado sin representación
El crecimiento de Bregman parece estar capitalizando, al menos en parte, a un electorado que no encuentra representación plena ni en el kirchnerismo ni en el peronismo más tradicional, ambos absorbidos por sus disputas internas.
Con los recientes cambios en el gabinete y si la economía cotidiana comienza a mejorar, el año 2027 podría ser relativamente tranquilo para un gobierno que ya logró estabilizar la macro y que tiene pendiente estabilizar la micro. La condición, en todo caso, sigue siendo la misma: que la mejora llegue a los ingresos y al día a día de las familias. (InfoGEI)










Comentarios de Facebook