Hoy volví a la cancha después de mucho tiempo. A las 12 Hs llegó mi hermano Franco con Markitos Hernandez “el cocinero” con los fideos. Mientras cocinaba arribó Iban Bechtcholt y Miguel Manicler.
Me encontraba con mi hija Amparo, su prima Merlina y Papón, su papá, también jugador de Rivadavia.
Almorzamos, entre videos, música, charla y comentarios sobre el planteo del partido de hoy contra Independencia de San Pedro. Este es un ritual poco común para mí, pero no lo era en mi pasado cuando vestía la camiseta azulgrana. Este encuentro me motivo y me dio ganas de ir a la cancha, invite a las niñas junto con dos amiguitas, ellas aceptaron.
Cuando llegamos a la cancha estaba terminando el primer tiempo. Entrar después de tanto tiempo me hizo recordar tantas cosas que pase durante 20 años en el club, fue emocionante. Les contaba a la pequeñas que todos los días iba a entrenar, y las tantas horas que pasaba ahí, en esa cancha. Alegrías, tristezas, emociones, desazón, felicidad y tantos otros sentimientos juntos pasaron por mi cuerpo en ese momento.
Rivadavia perdía 1 a 0. Antes del minuto del segundo tiempo llego el 2 a 0.
A los 15 minutos el descuento. Y a los 30 aproximadamente llegó, lo que parecía inalcanzable, el empate.
Los goles de Rivadavia lo hizo Diego Armoa un jugador de Monte Grande, el padre había sido jugador de Rivadavia. No cobra sueldo, ni viatico. De más está decir que el padre lloraba como si hubiera salido campeón del mundo.
A los 40 minutos paso, lo que nadie esperaba, el 3 a 2. Los gritos agónicos, los gritos salidos del pecho, los gritos del gol se desgarraron desde bien adentro y se escucharon en todo el barrio.
Me colgué del alambrado como si hubiéramos salido campeones. Esa era la sensación mía, de todos los hinchas y del equipo del cual muchos jugadores lloraban al terminar el encuentro. Increíble momento.
Al rato de retirarme de la cancha, me encuentro con un hincha que me dio una carta que le que había escrito a los jugadores para que se la leyeran antes del partido, en el vestuario.
Y así lo hizo su técnico Leo Giles.
LA CARTA:
Baradero 24 de agosto 2014
Escribo como hincha de Rivadavia.
Estoy feliz de de serlo y agradezco el esfuerzo de ustedes, del cuerpo técnico y la comisión directiva.
Me motivó a escribirles, porque escuche que a nosotros se nos gana fácil, no le conteste al sanpedrino para no pelear ya que no me gusta y me afecta a la salud.
Me dije, haré algo mejor que discutir. Es entendible que los sanpedrinos y algunos de los equipos locales opinen así pero desconocen que nuestro club, nuestro barrio, nuestros jugadores y equipo técnico tienen una mística especial.
Ustedes los jugadores representan a un barrio donde nadie les regalo nada, acá solo hay trabajo, sudor y esfuerzo. Ustedes juegan por amor a una camiseta que tiene una historia bella en Baradero y en la zona. La hinchada en la cual me incluyo es un capítulo aparte.
Fecha atrás jugamos contra el equipo de la ruta 41. Lluvia, frío y viento. No se movió nadie, hasta los niñitos se quedaron con sus padres, se van puliendo. Es Rivadavia; viejo!
Los hinchas rivales se fueron, iban ganando. Nosotros nos quedamos y aplaudimos el esfuerzo. Perdimos, esa es la diferencia.
El domingo pasado empezamos a recuperarnos, ahora en casa debemos ser fuertes, los leones que siempre fuimos. A ganar desde el primer minuto, que los rivales sepan que vienen al “Cementerio de los elefantes”
VAMOS MUCHACHOS! A GANAR!
Queremos regresar a nuestra casa con la cara como una juguetearía.
Abrazo cordial a cada uno, jugadores, cuerpo técnico y comisión.
El hincha que escribió la carta y me la entregó contándome la historia previa, es mi viejo.
AGUANTE EL FORTÍN!!!!!
Fernando «Pelcha» Beyer











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