En estos días, frente a la exposición de todas y todos los candidatos, las redes sociales muestran un altísimo nivel de exigencia ciudadana. La crisis de representación está en el centro de la escena. En ciudades como Baradero, con una población de cuarenta mil habitantes, la cercanía social permite que los electores conozcan a quienes se postulan. Hay poco margen para el relato: la gente sabe quién es quién.
El desafío en esta elección será qué espacio político logrará convencer a los vecinos de que tiene una solución concreta para los problemas de todos los días. Porque la frase que se repite, con diferentes tonos, en todos los sectores sociales y más allá de las pertenencias políticas, es: “Baradero está detonado”.
La demanda es clara: asfalto, veredas intransitables, recolección de residuos, animales sueltos, inseguridad, iluminación. No hay lugar para promesas vacías, para nadie; ni oficialistas ni opositores. La pregunta es simple: ¿los votantes van a elegir por pertenencia partidaria o van a priorizar las soluciones urgentes?
La realidad ya no se tapa con marketing ni con slogan. En Baradero, se vota con los pies en la calle.










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