Carlos Roselló, es uno de esos seres que toda su vida tuvieron un lugar asegurado al lado de Dios. Grandote bonachón, humilde y solidario, supo ganarse el cariño de todos aplicando la receta mas simple: AMAR.Dar sin esperar nada a cambio.
En un momento de su vida, sintió la necesidad de comprometerse con Cristo, ser vocero de Cristo en los pobres, enfermos y afligidos, en definitiva comprometerse a seguir dando amor.
En el mes de febrero del año 1995 ,en San Esteban hizo los votos y el compromiso. Años más tarde el propio Obispo lo ordenó Diacono.
Su ordenación fue en marzo de 2010 y en el discurso de ese momento resumió su sentir hacia el prójimo y su vocación de servir: » Mi vida no va a cambiar, simplemente va a dar un paso más. Va a ser un servicio más, voy a seguir siendo el servidor del que está al lado y el oído del que más necesita. Hace unos días un hermano chileno me mandó una nota diciendo que hay muchos doctores pero faltan muchos pastores que escuchen y que estén al lado del necesitado. Y creo ser esto: estar al lado del que más necesita. Simplemente quiero decirle que estoy al servicio de ese Jesús pobre, ese Jesús enfermo, ese Jesús que a veces no encuentra la compañía».
Entrevistado por BTI y FM Diferente, a 20 años del momento en que decidió su vocación, Roselló, nos cuenta parte de su historia:
“Hace veinte años que pertenezco a un Instituto de vida consagrada llamado laico diocesano, desde el 11 de febrero del año 92, así con la gracia de Dios y un papelito que encontré . Siempre en mi vida quise ser un consagrado pero nunca quería ser un religioso, es decir no vivir en comunidad y empecé a investigar y cuando quise acordar estaba ahí y de eso pasaron 20 años.
Yo entré al Instituto en el año 1992 y fueron tres años de prepararme. El Instituto está en San Esteban, partido de Cañuelas y de ahí con el acompañamiento de mucha gente, entre ellos el padre que ese momento estaba Luis Linera y así fue.
Yo había escuchado acá una homilía del padre Linera que decía que el hombre o se casa o se consagra no hay otra cosa y entonces yo digo no quiero casarme y así fue- fue una cosa de Dios- y buscando, buscando, buscando encontré, al lado en la basílica de Lujan, que hay un encuentro para vocaciones había un papelito que decía laico diocesano y empecé a indagar qué era y mandé una carta, me contestaron- eso tardó casi cuatro años- porque no fue tan fácil mi decisión de desprenderme yo nunca había viajado, te imaginas Cañuelas es lejos para los que van en tren o en colectivo en este caso y así fue».
¿Cómo llegaste a ser ordenado diácono?
«Después de tantos años en ese momento estaba monseñor Oscar Sarlinga, el sacerdote Gastón Dedín le contó de mi trabajo pastoral con los enfermos especialmente y me dijo vos tenes que ser diácono y yo le dije no padre. Yo quisiera que vos seas Diácono o sea que fue un pedido del obispo que yo sea diácono y bueno no fue tan fácil porque mi Instituto es laical no es para el clero, entonces se lo comenté al Instituto tardaron un poco en consultarse, el director se hizo miembro y después de casi un año me dijeron que podía aceptar la carrera, pero el obispo me dijo ya tiene que ser y fue, con muchas dificultades pero con mucha fe »
¿Cual es la tarea del diácono?
«Diácono es ell que ayuda o está al servicio de la mesa, del altar, yo estoy primero al servicio de nuestro obispo, después hago las bendiciones, leemos el evangelio y podemos hacer también los casamientos y los bautismos siempre y cuando esté de acuerdo el sacerdote. Así que estamos trabajando acá en la Parroquia de Luján con un gran sacerdote y amigo como es el padre Rubén y estamos trabajando a full.”
































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